El electorado peruano elige entre Toledo y García

Economista inconstante y ex presidente acusado

Lima, Reuters

 

Alejandro Toledo y Alan García, que irán a una reñida segunda ronda electoral el domingo tras la destitución del ex presidente Alberto Fujimori en noviembre por un escándalo de corrupción, afrontan problemas de credibilidad diversos, agregaron.

«Toledo muestra una personalidad muy voluble en cuanto a sus apreciaciones porque cambia su parecer con relativa facilidad, los electores lo ven como inconstante», dijo a Reuters el jefe de la encuestadora CPI, Manuel Saavedra.

Y para Guillermo Loli, analista de la firma Apoyo, García, quien ya ocupó la presidencia entre 1985 y 1990, «aparece frente a Toledo como el más pausado, el conservador, el que no se irrita y el más sereno para tomar decisiones».

Según los últimos sondeos, Toledo aventaja a García por cuatro puntos porcentuales, en una estrecha batalla que ha inyectado nerviosismo en los mercados financieros domésticos.

«Ambos candidatos tienen un problema de credibilidad en la población (y) por eso hay un sector que votará en blanco y otro sector que dará su voto por el menos malo», explicó Giovana Peñaflor, directora de la consultora Imasen.

 

Toledo, luchador con ansia de poder

Sobre Toledo, de 55 años, pesa además, según analistas, su actitud impulsiva y su controvertida vida privada, con denuncias de no reconocer a una supuesta hija y haber dado positivo de trazas de cocaína en un análisis de orina.

Toledo, de 1,65 metros de estatura, es reconocido en Perú por liderar una lucha contra el gobierno de Fujimori en los comicios de 2000, cuando éste fue reelecto por segunda vez en unos comicios plagados de denuncias de fraude.

Sin embargo, el candidato ha visto estancarse su posición en las encuestas debido a que no ha sabido responder a las acusaciones en su contra, según analistas.

«Las mentiras reiteradas le han afectado, así como cierto enfrentamiento con la prensa, pero lo refuerza el ser un economista que surgió desde abajo», según Loli.

Toledo, que de niño fue lustrabotas, llegó a ser asesor del Banco Mundial tras cursar estudios de economía en universidades estadounidenses.

En la campaña electoral, un punto en su contra es la denominada «guerra sucia» contra García, según sus opositores, la cual ha beneficiado a su rival porque la población tiende a apoyar a quien aparece como víctima.

 

García, un orador de tono populista

A García, de 52 años, lo ensombrece su anterior gestión presidencial, entre 1985 y 1990, cuando la hiperinflación sumó 2,2 millones por ciento y la violencia guerrillera estuvo en su apogeo.

Pero su tono moderado y las ofertas para solucionar los agudos problemas de los más pobres, como una baja de las tarifas de luz y agua, parecen haber encontrado eco y lo impulsaron hacia una segunda oportunidad, según analistas.

García, un abogado de 1,92 metros de estatura, «está manejando muy bien su campaña porque no está entrando de lleno a la guerra sucia, está defendiéndose de los ataques y está apareciendo como la víctima», precisó la analista Peñaflor.

El ex mandatario, quien se exilió por casi nueve años en Colombia y Francia hasta regresar para volver a disputar la presidencia, tiene sin embargo en su contra el haber sido acusado de corrupción y de violaciones a los derechos humanos durante su gobierno.

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