En París, cuando el general De Gaulle fue llamado a formar gobierno
31 de mayo de 1958
La IV República Francesa (surgida después de la Segunda Guerra) agoniza en medio de una crisis política que los líderes de los diferentes partidos se muestran incapaces de resolver.
Francia no escapa a la vorágine descolonizadora que como una ola irrefrenable embate contra los viejos imperios coloniales europeos. Hace cuatro años debió abandonar sus posesiones en Indochina después de la estrepitosa derrota en Dien Bien Phu. Ahora es Argelia, en el norte de Africa, que soporta la acción guerrillera del FLN. El gobierno francés –en manos del Partido Socialista– no ha exhibido, según la visión de la derecha, la necesaria firmeza para combatir al grupo insurgente. Las clases conservadoras y varios altos mandos castrenses no están dispuestos a deshacerse de otra colonia, lo que explica los pronunciamientos militares que desde hace un tiempo amenazan con el desconocimiento de la autoridad civil y ponen al país al borde de una crisis que puede desembocar en la asunción de un gobierno de facto autoritario.
En tales circunstancias, y vista la inoperancia del presidente René Cotty y del primer ministro Guy Mollet –que sucedió a Pierre Mendès-France–, las fuerzas democráticas resolvieron por consenso llamar al casi mítico líder de la France Libre, el general Charles De Gaulle, en cuyo prestigio y ascendiente sobre el ejército han depositado las esperanzas de salvar al país.
Hoy la Asamblea Nacional dio su aprobación al nuevo gobierno que encabezará De Gaulle y cuyo gabinete reflejará a todo el espectro político del país. No obstante el espíritu de concertación, muchos temen que el nuevo jefe de gobierno ceda a las presiones del general Massu, líder de la insurrección argelina, en virtud de la ambigüedad que aquél ha exhibido, pareciendo acercarse a veces a las posiciones sustentadas por la OAS (Organisation de l’Armée Secrète), grupo terrorista enemigo del diálogo con los independentistas argelinos.
Según pudo saber nuestro corresponsal, De Gaulle tiene previsto someter a plebiscito una nueva Constitución que otorgará mayores poderes al presidente.
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