"Su detención fue peor que cualquier picana en los testículos"

Pinochet divide Chile

Mayra Pertossi – Santiago, Reuters

Su detención en Londres durante casi 17 meses fue «peor que cualquier picana en los testículos», dijo a Reuters María Inés Concha, una fiel seguidora de Pinochet, poco después que el octogenario general aterrizó en Santiago.

Concha, que se encuentra entre los muchos chilenos que consideran al senador vitalicio como «el salvador de la patria», no pudo contener las lágrimas cuando Pinochet llegó en helicóptero a un hospital militar para realizarse exámenes.

Pero algunos familiares de desaparecidos durante la dictadura (1973-1990) lloraron de rabia porque consideraron que escapó a un juicio que tenía merecido.

El general retirado fue autorizado el jueves por Gran Bretaña a regresar a Chile debido a que un examen médico lo consideró mental y físicamente incapaz de afrontar su juzgamiento por los abusos cometidos durante su régimen.

Pinochet había sido detenido en Londres en octubre de 1998 a pedido de un juez español. Bélgica, Francia y Suiza también pidieron luego su extradición.

Unas 3.000 personas aguardaban desde la madrugada del viernes la llegada de Pinochet al hospital, según la policía.

«Se siente, se siente, llegó el presidente» y «general Pinochet, esta lucha es por usted», entonaba la gente a coro.

En pocos minutos la calle se tiñó de rojo, azul y blanco, los colores de la bandera chilena, y las fotografías de un sonriente y joven Pinochet se elevaron por encima de las cabezas de sus seguidores. La muchedumbre se unió en un grito cuando por un altavoz se anunció que el «Tata» ya había tocado suelo chileno y llegó a su clímax cuando se divisó en el cielo al helicóptero que transportaba al general retirado.

«Toda esta gente que está aquí es la que siempre estuvo al lado de mi general», dijo María Soledad Fernández, esposa de un oficial del Ejército. «Siento una enorme alegría que no tiene límites», dijo con lágrimas en los ojos Carmen Aranda, de 43 años. Las banderas ondearon violentamente cuando Lucía, la esposa del senador vitalicio, se asomó junto a sus hijos a uno de los balcones del hospital, mientras un pequeño avión desplegaba en el aire la leyenda «Bienvenido General Pinochet».

El abuelo de esos chilenos estaba otra vez en casa. Pero como el Doctor Jekyll, Pinochet tiene para sus detractores su lado oscuro, su propio Mister Hyde.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje