Personas del oficialismo vinculadas a militares afirman que algo se está gestando

Argentinos piensan en Chávez

Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina

 

El canje de parte de los bonos de la deuda externa huele a aroma de traslado, de patear para adelante, hacia un futuro incierto. Si los gobernantes fueran críticos, explicarían a los ciudadanos por qué se ha llegado este año dos veces al abismo de la cesación de pagos. Deberían al menos admitir que la actual situación económica social es consecuencia de los efectos del modelo de acumulación y distribución, comúnmente conocido como neoliberal. No se habla de frente, y se utilizan caminos heterodoxos, como el hacer más competitivas algunas ramas de la economía, cosa que suena a parche pues carecen de teoría, de una mirada crítica del por qué no se creció en los últimos tres años y como están las cosas podrían ser hasta cuatro. Y sobre todo, a qué se debe el brutal endeudamiento y quiénes son sus beneficiarios.

No se sabe si el megacanje por el cual se diferirían vencimientos por 17.000 millones de dólares entre este año y el 2005, podrá ser un transitorio alivio para dedicar energías y fondos (seguirán siendo altos los pagos por intereses de lo que no se canjea) para intentar el despegue. La ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, sospecha que el índice de mayo sobre desempleo viene malo: superaría el 15% los cesantes totales. Cavallo, que no ha perdido vigor ni energía –pero entiende que la cosa no era soplar y hacer botellas– quiere que no se califique como modelo estos movimientos financieros, sino simples instrumentos. Para él, debe hablarse de proceso de reconstrucción de la Argentina productiva, para la cual está generando las condiciones. En este enfoque cuenta con el respaldo de la Unión Industrial y sobre todo de los gobernadores peronistas que le han ratificado, con la primacía de Carlos Ruckauf, que puede contar con ellos, frente a los embates que el ministro recibe desde sectores sindicales, pero también de grupos económicos, sobre todo de un sector financiero que le hace difícil la vida pidiendo tasas usurarias cuando coloca «Letes» para sobrevivir. Le ofrecen al ministro un paraguas político y electoral, el pimpollo de otra coalición de gobierno para luego de octubre.

 

No es el mismo Cavallo

Cavallo comprueba con datos empíricos que se ha reducido el universo de aprobación a su política. Peor aún: un 52% cree que es similar a la de Carlos Menem. No lo consuela que ese mismo porcentaje recibe De la Rúa como opinión negativa a su gestión y un 32% adicional que canta regular: sólo un 8% dice positiva. El ministro sabe por otro lado que en el imaginario popular está instalado de modo abrumador que quien conduce el gobierno es él, no el hombre que vino del radicalismo, lo que no le deja margen para echarle el fardo al presidente cuando le rechaza alguna medida. Hay que colocar las cosas en su lugar: el ministro no reconocerá que el drama social lo tiene como a uno de sus promotores, pero entiende que debe encontrar cómo atender las emergencias que explotan por todos lados. Abundan los ejemplos, las decenas de cortes de ruta, que unen a sumergidos, desempleados, activistas, pero también a pequeños productores que saben que bloquear carreteras es el último recurso que les queda antes de ir a la quiebra. De ese lado sensible parece convencido el ministro Juan Pablo Cafiero, el único hombre del Frepaso en el gabinete nacional: «Comprende, y me da lo que le pido», cuenta a sus amigos, incluido «Chacho» Alvarez, con el que mantiene un «teléfono rojo». «Chacho» le desea éxito, aunque no cree que el actual gobierno y el modo de hacer política habitual, tengan futuro. El piensa, sin saber aun cómo hacerlo, en una política para una Argentina de repuesto.

El conflicto del piquete de La Matanza encontró a un gobierno dividido, como en noviembre, con una línea supuestamente dura que lideraba Bullrich, y los negociadores del entorno presidencial, su secretario Leonardo Aiello. Ruckauf una vez más ha conseguido eludir sus propias responsabilidades en el drama social bonaerense. El como nadie tiene atada su suerte a la del ministro de Economía. Fue notoria la ausencia de una sola política, pero hay que reconocerle al presidente prudencia en el manejo del piquete más notorio, en contraste con el ministro del Interior, Ramón Mestre, que hizo saber que en el campamento de La Matanza había armas. «Parece sanata», comentaron otros ministros. Pero nadie duda que la bronca acumulada puede derivar en violencia: en La Matanza también sólo se ganó tiempo.

 

Un fantasma llamado Chávez

El futuro sigue siendo un enigma y da lugar a la especulación. La Iglesia ha dado gritos de alarma: pocos como ella sabe de los sufrimientos populares y advierte que una sociedad injusta puede precipitar los enfrentamientos. La idea latente es que hay algo que muere en la sociedad argentina, mientras no se sabe qué está por nacer; es tema de cualquier conversación reservada con y entre funcionarios de alto nivel. Un hombre del ministerio de Defensa confiesa que se detectan presiones de retirados sobre cuadros activos de las Fuerzas Armadas. «Son charlas, por ahora, aunque vemos a los militares más preocupados por sus problemas, los salarios sobre todo. Hay dificultades para pagarles los sueldos. La cancelación del desfile del 25 de mayo, fue porque no tenemos fondos, no por temor a los abucheos contra el Presidente». Con todo, estas personas del oficialismo con vínculos con militares, suponen que un (Hugo) Chávez puede estar gestándose. No tienen pruebas de ello. Chávez es una manera de calificar la defunción del sistema político venezolano, la irrupción de otra legalidad, discutible desde la óptica liberal, y de contenido, sobre todo en lo verbal, nacionalista, disidente con las políticas de los EEUU.

Es moneda corriente en el oficialismo vincular la protesta social con los planes políticos de Ruckauf, que no se ve con lo que representa Chávez. «Tiene tan mal su provincia que no le queda tiempo. Necesita que se anticipen las presidenciales», repiten en oficinas con poder. Es probable que el gobernador piense que si Cavallo o el gobierno, queman tan rápido como el blindaje la ilusión que genera el canje, el país puede entrar en convulsiones que puedan demandar una solución política de emergencia. Sin proponérselo quienes en el oficialismo machacan con esa idea, reconocen la necesidad de un recambio político, por carencia de solidez del actual. Es la acusación que desde la oposición le cargan a De la Rúa. La carencia del liderazgo político nacional puede ser motivo de interpretaciones y razones.

Un liderazgo sólido debería marcar un rumbo, que ahora no es claro. No ir a la cola de las peores pasiones como la que emerge cuando de violencia se trata. El «enano fascista» que hay dentro de millones de argentinos, no debe ser alentado con el discurso de la policía brava o de la antipolítica con que se busca ocultar quienes son realmente los responsables de la tragedia argentina. Ya hay brotes antisemitas y racistas. A partir de un destino claro y de un diagnóstico correcto, hay que propugnar las reformas necesarias para mejorar la seguridad y transformar la política en un servicio.

 

El futuro y Menem

La detención de Antonio Erman González vuelve a colocar a Menem en las perspectivas de que sea procesado por el juez Jorge Urso cuando declare el 13 de julio. Salvo del menemismo feroz, acrítico y condescendiente, el resto del peronismo, comenzando por los gobernadores más prominentes, creen que no deben ponerse trabas al proceso judicial. Pero ninguno de ellos, ni su enemigo Ruckauf, quisiera verlo preso. En busca de una salida, el gobernador le propuso a De la Rúa que hiciera una gestión ante George W. Bush para que Washington reconozca que la participación
argentina para armar un ejército en la Croacia independiente de los serbios y bosnios, fue un acuerdo secreto. «Se puso blanco y se negó a dar ese paso», dicen quienes escucharon a Ruckauf contar el encuentro. El bonaerense está convencido que la única salida es darle a la venta ilegal de armas el carácter de una operación de Estado y que de los ilícitos como el cobro de coimas o los envíos a Ecuador, se encarguen los jueces. El dictamen de la Cámara Federal de Apelaciones porteña confirmando la prisión preventiva de Emir Yoma como organizador de una asociación ilícita, salva algunas objeciones que juristas y políticos tuvieron con el fiscal Carlos Stornelli, cuando pidió indagatorias a Menem y otros ex altos funcionarios. Es que el tribunal de alzada afirmó que no se investiga por asociación ilícita a un gobierno, sino a quienes pudieron haber cometido delitos. De esta manera, se interpreta, se desbaratan argumentos de los abogados de Menem que rechazaron esa calificación por inadmisible contra cualquier gobierno.

El menemismo, antes, había perdido una batalla política: fue cuando intentó trabar, sin éxito, en el Senado, la confirmación de Roque Maccarone como presidente del Banco Central. Ahora van a la búsqueda de Cavallo, enroscarlo a él también en la causa, para obligar al gobierno a hacer lo que no quiere: presionar al juez. ¿Habrá más detenidos? Es posible que sea el destino del general Martín Balza. Varios ex ministros y Menem, no se salvarían de la prisión preventiva.

Presionar a la justicia suena a inútil. Hay una metamorfosis no lineal en el poder judicial que lo despega del gobierno. Y como suele ocurrir, lo nuevo no se forma desde la nada, ni es químicamente puro. Es un sendero donde caminan lo que hay con lo necesario, hasta que cristalice una nueva síntesis. Un estadista tan definido como Fidel Castro, acaba de decir a propósito del futuro, que «no hay un mundo de repuesto esperando pacientemente a que destruyamos el presente para comenzar a utilizarlo», palabras de gran sensatez y experiencia.

¿Dónde está la Argentina de repuesto? En ninguno y en muchos lados, a la vez. Será una tarea posible respetando la Constitución Nacional y repensando el país que hay. No se construirá por generación espontánea, como parece imaginar la ilustrada Elisa Carrió. Ni con «tomar el cielo por asalto», como anhelan ideólogos que cabalgan sobre los desesperados sin mirar a la sociedad, aún entre los golpeados por la vida y el «modelo», en su totalidad.

¿Un Chávez para Argentina?

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