Los dos rostros de la Argentina de hoy

Menem "preocupado" y triunfo de piqueteros

Sobre el estado de ánimo de Menem, aparentemente en vísperas de su casamiento, todo en condicional porque la información es imprecisa, habla casi toda la prensa local. El abogado Ricardo Monner Sans, quien inició la causa por la venta ilegal de armas en marzo de 1995 consideró que hay razones para que el ex mandatario «pueda tener la piel erizada».

González le envió a Menem un SOS desde su lugar de detención, una unidad porteña de la gendarmería, y varios columnistas especulan sobre la colisión entre dos juzgados que llevan la causa de las armas y la de la pólvora, la del juez en lo penal económico, Julio Speroni, y el juez federal, Jorge Urso. Dicho de manera clara, los columnistas especulan que el fallo de Speroni puede convertirse en un pretexto para que toda la causa termine en sus manos, quitándosela a Urso, menos confiable hoy para el menemismo.

Lo expresado indica que los amigos del ex presidente, que están en lugares clave, sobre todo en el Poder Judicial, buscarán el camino para evitar que sea citado como imputado, cita que está fijada para el 13 de julio por el juez Urso. El fiscal de ese juzgado, ante una pregunta específica del periodismo, consideró que Menem debería pedir permiso para salir del país, a propósito del supuesto viaje de luna de miel que iniciaría con la chilena Cecilia Bolocco a Brasil, Miami y Siria, como dice el rumor.

El juez Urso ayer tomó nueva declaración indagatoria al ex canciller Guido Di Tella, en principio sindicado como partícipe de la asociación ilícita que tiene al ex cuñado de Menem, Emir Yoma, detenido por el caso armas. Ayer la Cámara Federal ratificó, ante una apelación, su prisión preventiva. El cuñado de Menem deberá aguardar, preso, el juicio oral.

Un triunfo del piquete

Finalmente el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires, cedieron a las demandas del piquete más renombrado del país: el que tenía cortada con la participación de miles de desamparados la ruta 3 de La Matanza, un nudo clave. Este piquete está liderado por militantes de la Central de Trabajadores Argentinos y de la Corriente Sindical Clasista, que tienen cuadros con arraigo en un partido de la provincia con un número insolente de desocupados y marginados.

En rigor, este piquete reclamaba el cumplimiento de promesas de planes Trabajar, conque se pagan tareas circunstanciales especialmente en la comuna, al que se había comprometido el gobierno nacional en noviembre de 2000. Claro, la lucha entre el oficialismo y el peronismo bonaerense puso su cuota de intriga para que los planes no se concretaran. Para el gobierno nacional, el gobernador Carlos Ruckauf alentaba prolongar el conflicto, porque tendría el propósito de desestabilizar al presidente Fernando de la Rúa. Ruckauf lo niega y pone como ejemplo el respaldo que los legisladores peronistas que le responden le han dado a todas las propuestas que presentó el ministro de Economía, Domingo Cavallo, para intentar sacar al país de la cesación de pagos primero y de la recesión ahora.

De todos modos, los piqueteros parecen ajenos a esas especulaciones. Dos de sus líderes, Luis D’Elía, ex Frepaso, dirigente de la CTA y el clasista Juan Carlos Alderete se proclamaron, a guisa de una chanza, como «subcomandantes», al estilo de Marcos «porque comandantes son los trabajadores». No escasean los alarmados: un columnista del órgano de los grandes financistas, «Ambito Financiero», pidió dinero para crear más juzgados para procesar a los que cortan caminos, «delincuentes», según su apreciación.

El presidente de la Rúa apostó por la negociación, para impedir que el conflicto desembocara en un choque con la gendarmería, la fuerza que llaman los jueces para despegar las rutas, un delito federal.

Los piqueteros de La Matanza hicieron constar en un acta que firmaron la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, y el vicegobernador bonaerense Felipe Solá, un punto clave: que se busquen caminos para conseguir la libertad del piquetero Emilio Alí, condenado a cinco años y medio de prisión por encabezar un reclamo por comida en la ciudad de Mar del Plata.

El caso se convirtió en paradigmático: para sectores de poder, como ejemplificador, para los hombres de lucha como reclamo de lo que no debe ocurrir.

Es un forcejeo que dominará parte de la política argentina.

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