Fuerte desaceleración económica de EEUU

l golpe mayor lo está sufriendo la tecnología de la información (TI), la que había adquirido una especie de aureola de infalibilidad y de pujanza inagotable. Se tejió un verdadero mito, que según analistas del influyente «The Economist se está cayendo a pedazos, con las graves consecuencias para los ciudadanos norteamericanos, trabajadores y técnicos.

Los síntomas más alarmantes han sido la baja inesperada del índice Nasdaq de acciones de empresas de alta tecnología, cuya causa fueron las caídas abruptas de las ganancias de empresas gigantes de Internet, caso Cisco y otras. El fantasma de la recesión asoma su rostro feo, aumentando el desempleo, y el boom, al cual se habían acostumbrado los norteamericanos, se diluye, el descreimiento en la omnipotencia del sistema gana terreno. Aparece un grave desequilibrio particularmente entre la producción de sistemas informáticos y la adquisición de los mismos, produciéndose un enorme almacenamiento de equipos de última generación que no encuentran compradores.

Todo indicaba que las inversiones en TI serían estables, que no sufrirían problemas de demanda, que estaban vacunadas contra el estancamiento, debido al imponente ritmo de la innovación en esta materia. Los equipos se volvían rápidamente obsoletos, lo que imponía su renovación por las empresas, para no perder ser competitivas. Aquí se produjo, sin duda, la crisis más grave.

Volvamos al primer semestre de este año. Las inversiones de las empresas en equipos y software de TI cayeron a una tasa anual de 6,5 por ciento, cuando entre 1995-2000 había alcanzado una tasa promedio anual de 25 por ciento. Se produjeron caídas del valor de las acciones de las empresas «punto com» entre 90 y 100 por ciento.

EEUU es un ejemplo tipo del capitalismo moderno

Lo señalado más arriba es producto del capitalismo de nuestra época, el de las sociedades, en las cuales tiene lugar una revolución en las tecnologías productivas, privilegiando a la informática y la información, relevando las maquinarias industriales clásicas a las cuales hemos sido acostumbrados durante por lo menos un siglo largo.

Este nuevo capitalismo es profundamente contradictorio, como sus antecesores, busca el máximo de ganancias, como lo hizo siempre, pero ahora, aumentado por el enorme papel de los mercados y especialmente del valor de las acciones. Las corporaciones transnacionales, donde la gran banca internacional juega a gran nivel, están en lo fundamental afincados en los EEUU, Japón y la Unión Europea, desde donde se procura dominar el mercado mundial.

Los problemas de este sistema no son nuevos, se repiten, pero son cada vez de mayor proyección, porque hoy se produce cada vez más con menos trabajo social, lo que irremediablemente conduce a la desocupación masiva. Y, como se sabe, los desocupados no tienen la capacidad adquisitiva necesaria para comprar y consumir las mercancías que el sistema vuelca sin interrupción al mercado. Dicho con otras palabras, la falta o reducción de los mercados internos limita o reduce los negocios y con ello las ganancias.

En los EEUU se calcula una caída de las ganancias de un 10 por ciento en este año y un decaimiento muy alto de la productividad del trabajo, que precipita el fuerte desempleo, que ya se nota. El notable crecimiento de la productividad del trabajo –un 3 por ciento anual en el último quinquenio– dio pie a quienes afirmaron ilusoriamente que en los EEUU existía una nueva economía. Hubo, por otro lado, baja inflación, altas ganancias y un superávit fiscal.

Realmente una viña, que muchos, aquí y más allá consideraron como un ejemplo imperecedero. La nueva tecnología de la información (TI) fue saludado como la nueva gran palanca de Arquímedes que iba a resolver el crecimiento permanente y sin problemas del mundo de producción capitalista en los EEUU y en otros países.

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