Análisis Internacional

Blair con buenas chances para ganar

Por Guillermo Israel

 

Por qué ha de perder Blair, si en general la situación económica de Inglaterra es buena, después de cuatro años de administración laborista, se preguntan expertos en Londres. Hace poco, el ministro de Economía y Finanzas, Gordon Brown, presentó un presupuesto-balance con un superávit que permitió reducir considerablemente la deuda estatal. La inflación se mantiene baja, con un 2,1 por ciento, y la desocupación es la más baja de los últimos 25 años.

Estos datos ubican a Gran Bretaña entre los países con índices de crecimiento económico de la Unión Europea y le permiten a Blair confiar en una cómoda victoria sobre su adversario conservador. Es cierto, no todo marcha bien en la isla, donde también se agrandó la brecha entre ricos y pobres y no todas las regiones se benefician de forma igual de los avances económicos.

Para muchos ciudadanos la «Tercera Vía» no produjo cambios en su vida, al contrario, la empeoró. Unos 5 millones de británicos se encuentran en una situación de pobreza total. La niñez y las mujeres son poco contempladas por el gobierno socialdemócrata, señalan fuentes sindicales. Blair y su Partido Laborista rechazan las críticas, y señalan que los conservadores, liderados por William Hague, son de extrema incapacidad y su política se caracteriza por ataques populistas y xenófobos contra los extranjeros asilados en el país, a los que tilda de parásitos que viven a costa de los ciudadanos británicos que pagan sus contribuciones e impuestos.

Si bien el «Tercer Camino» que Tony Blair y su colega alemán, Gerhard Schröder, han proclamado como una perspectiva y panacea cierta para salir de situaciones de crisis, sus críticos lo consideran inoperante y poco eficaz. En el fondo no es más que una variante neoliberal, que se distingue poco de los tiempos de la señora Thatcher, afirman voceros conservadores, mientras corrientes opositores dentro del propio Partido Laborista caracterizan la actual política de Blair de «ni carne, ni pescado».

No obstante, el «Tercer Camino» le ha permitido a Blair proyectarse hacia el centro político, al ganar electores que le dieron en mayo de 1997 un triunfo electoral terminante sobre su adversario tradicional y llevar a 418 los diputados de su partido en la Cámara baja contra 165 de los Tories. En porcentajes de votos, el Laborismo logró 43,1 por ciento y los Conservadores 30,6 por ciento.

 

La aftosa, factor político-electoral

Tony Blair se vio ante una seria crisis por una epidemia de aftosa que hizo estragos en la industria ganadera y el turismo de la isla, que incluso obligó al gobierno a postergar la fecha de los comicios, fijados en principio para el 3 de mayo. Blair y su partido han sido atacados duramente por la Asociación Nacional de Productores Rurales, que pretenden hacerlos responsables por la epidemia de fiebre aftosa y de la enfermedad de la «vaca loca». Cientos de miles de cabezas de ganado fueron sacrificados, con graves consecuencias económicas y sociales. El desmedido afán de lucro, especialmente en la fabricación de harinas animales, sería la causa del mal de la «vaca loca».

La fecha de las elecciones ha sido fijada bajo la presión de la población del campo, que por tradición responde mayoritariamente a los tories-conservadores. Blair se vio obligado a ser cauteloso para no golpear a este sector, en estos momentos muy perjudicado por la epidemia de la fiebre aftosa.

El jefe conservador, William Hague, alegó durante semanas que Tony Blair hace un juego con la fecha electoral y coloca su ambición de gobernante por encima de los intereses del país. Sin embargo, expertos opinan que son los conservadores los que pretendieron ganar adeptos con una postergación electoral.

Blair puso punto final a esta especulación al disolver el Parlamento y convocar a elecciones generales para el 7 de junio.

Todo indica que el nuevo primer ministro será nuevamente Tony Blair y sondeos de opinión entre políticos conservadores dan por perdida la elección para el candidato Tory, William Hague, cuya jefatura se vería en este caso cuestionada, opinan expertos londinenses. Dos derrotas consecutivas serían demasiada carga política para Hague.

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