Otros modelos, nuevas alianzas
Por Niko Schvartz
También parece integrarse en esa onda el viaje emprendido por el presidente venezolano Hugo Chávez, con Moscú como primera etapa, cuyo objetivo apunta, según los comentaristas, a ir creando las bases de un mundo multipolar.
La gira de Fidel Castro
Respecto a la estadía del líder cubano en Irán, que siguió a su visita a Argel, interesa destacar cómo dos países muy diferentes sustentan una plataforma común en su rechazo al bloqueo impuesto por EEUU. En el caso de Irán, el embargo impera desde que todo un pueblo, al llamado del ayatolá Jomeini, derribó la dictadura del sha, quien no era más que el gendarme del imperio en una zona estratégica por su riqueza petrolera y su posición privilegiada para el espionaje contra la URSS. Por lo demás, el mismo sha había accedido a un poder omnímodo y a un sistema ultramoderno de represión tras el golpe de estado orquestado por la CIA que barrió en 1953 al primer ministro Mossadegh, culpable de haber nacionalizado el petróleo y expropiado a la Anglo Iranian Oil Co.
«Con su gigantesco aparato militar, tecnológico y mediático EEUU no pudo contra Irán ni contra Cuba», dijo Fidel Castro, «porque han perdido la batalla de las ideas y de la ética». Ambos países celebraron juntos el hecho de que EEUU resignara su puesto en la Comisión de DDHH de la ONU, y crearon las bases de un mayor intercambio comercial, unido a sus relaciones políticas y a su colaboración en materia agrícola, médica y deportiva.
De Teherán a Kuala Lumpur
En ese país de dislocada geografía que es Malasia (una parte continental, al sur de Thailandia, y otra al norte de la isla indonesa de Borneo) lo relevante es que se negó a seguir las recetas preconizadas por el FMI luego de la crisis asiática de 1997 y logró capear la situación, gracias a medidas de control de capitales adoptadas por el primer ministro Mahathir Mohamad. Esto tiene sus antecedentes.
A fines de los años 80 Malasia comenzó a adoptar una política definidamente tercermundista. En 1990 se inauguró en Kuala Lumpur la conferencia del Grupo de los 15 del Tercer Mundo (India, Indonesia, Brasil, México, Venezuela, Tanzania, Senegal y otros) para promover programas de cooperación Sur-Sur. Mahathir apareció como un líder comprometido con la causa del Sur, al tiempo que su país apoyaba a la OLP y al ANC de Sudáfrica. Organizaciones sociales (defensoras del medio ambiente, de los DDHH, de los consumidores) propugnaron modelos de desarrollo alternativo. Al estallar la crisis asiática de 1997, el gobierno adoptó medidas contra la especulación financiera: prohibió a los no residentes el retiro de ganancias derivadas de la compra de acciones locales, redujo la oferta de su moneda (el ringgit) en los mercados extranjeros y estableció controles bancarios sobre el comercio off-shore, la exportaciones y el ingreso y egreso de capitales. Estas disposiciones, como es de imaginar, recibieron la crítica furibunda de las autoridades del FMI y el BM.
Pero el gobierno las mantuvo. Y Fidel Castro podía comparar, al elogiar «el espíritu de rebelión de Malasia», sus éxitos en indicadores sociales como la mortalidad infantil, la expectativa de vida y la educación (del mismo signo que los de Cuba) con las realidades de otros países que siguen a pie juntillas el modelo neoliberal. En datos de 1996, en Malasia el alfabetismo alcanzaba el 84%, la educación primaria total el 93%, la mortalidad infantil el 11 por mil nacidos vivos.
Hacía un mundo multipolar
Decíamos que el viaje que acaba de iniciar Hugo Chávez también apunta a un mundo multipolar, dotado de contrapesos frente al hegemonismo estadounidense. Venezuela se opuso en la cumbre de Quebec –conjuntamente con Brasil– al proyecto del ALCA y al intento de Bush de acelerar su entrada en vigencia. E incluso agregó que el propio tratado habría de ser sometido a la decisión plebiscitaria de su pueblo.
En su entrevista con su homólogo Vladimir Putin estuvo sobre el tapete el tema del petróleo. Venezuela ocupa actualmente la presidencia de la OPEP, e invitó a Rusia, uno de los grandes productores y exportadores mundiales de crudo, a formar parte de dicha organización, satanizada por EEUU y sus cofrades en la medida en que defiende el precio de una materia prima fundamental.
El grupo de Shanghai
Los intentos por ir conformando un mundo multipolar, con centros de resistencia a la dominación norteamericana, aparecen por varios lados. Se ha mencionado en tal sentido el significado de un reciente viaje de Putin a China y la configuración de un denominado grupo de Shanghai. El mismo se propondría en primera instancia fortalecer los vínculos entre las dos grandes potencias, limando los enfrentamientos que prevalecieron en épocas anteriores. La bien informada publicación brasileña «Correio da Cidadanía» destaca la necesidad para ambas de unir sus fuerzas a fin de enfrentar el hegemonismo de Estados Unidos, con su potencial de agresividad acrecentado desde el ingreso de George W. Bush a la Casa Blanca. Una segunda etapa del plan, casi inmediata, consistiría en incorporar a la India. Tal bloque superaría ampliamente al tercio de la población mundial de 6 mil millones de seres, ya que China anda por los 1.250 millones, la India se acerca a los mil millones y Rusia quedó en 150 millones. (Recuerdo a esta altura un vaticinio de Lenin según el cual el destino de la humanidad se definiría en última instancia en Rusia, China y la India). Se especula sobre el potencial atómico de estos países, ante el proyecto de Bush de resucitar el escudo antimisiles. El incidente del espionaje aéreo reiterado de EEUU sobre las fronteras de China agrega punzante actualidad a la cuestión. Por otra parte, Brasil se ha opuesto al intervencionismo de EEUU en la lucha antidrogas en América Latina. «El Grupo de Shanghai está convencido –concluye la nota– de que Brasil, como representante de América Latina, sería un buen refuerzo a un eventual pacto con Rusia, China e india, al que Sudáfrica ingresaría en nombre de su continente».
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