Ultimas votaciones concluyeron a las cuatro de la madrugada

Roma, ANSA

 

El «récord» de las elecciones italianas fue para un elector de un colegio de Reggio Calabria, en el sur del país, que votó poco después de las cuatro de la madrugada, con algo más de seis horas de retraso sobre el horario de cierre previsto.

«Fuimos víctimas de una situación vergonzosa», afirmó Antonio Suraci, de 51 años, último italiano en depositar su voto.

Ayer, el Ministerio del Interior tuvo que prorrogar el cierre de algunos colegios porque las urnas y el personal disponible no daban abasto para contener las colas de los electores.

«La de votar por último fue, en cierta medida, una elección mía, ya que había muchas personas ancianas a las que les dejé pasar», explicó Suraci, quien precisó que mucha gente se sintió mal debido a la larga espera.

Justo antes de Suraci, por tanto el penúltimo elector que votó en Italia fue Pasquale Meduri, de 80 años.

En Roma, las votaciones concluyeron en todos los colegios electorales pasadas las dos de la madrugada; en Nápoles hasta la una y media y en Turín hasta después de la una.

En algunos casos, incluso, se llegó a la bronca: en Nápoles, hartos de esperar, unos electores hicieron irrupción en la sede y tiraron por el suelo urnas y papeletas electorales.

Durante todo la caótica y larga jornada electoral de ayer se registraron colas interminables para votar, en particular en aquellas ciudades donde también se celebraban comicios municipales, como Roma, Nápoles y Milán.

Anoche, muchos exponentes de la derecha pidieron la renuncia inmediata del ministro del Interior, Enzo Bianco, por la mala organización de las elecciones, mientras algunos colegios sufrieron los asaltos de gente enfurecida que no aguantaba más de guardar fila para poder sufragar.

Este caos electoral se debió a tres motivos: la alta afluencia a las urnas, el gran número de papeletas electorales (hasta cinco en muchas ciudades) y, sobre todo, a la reducción de sedes electorales decidida hace tres años para recortar gastos: pasaron de 90.000 a 60.000.

Por este motivo, las operaciones de voto se retrasaron hasta la madrugada en numerosas sedes. «Frente a las cinco papeletas a muchos electores les entró el pánico», explicó Suraci, según el cual fue algo «absolutamente comprensible» visto que había muchos ancianos. Por este motivo, «algunas personas tardaron mucho tiempo antes de salir de la cabina: algunos incluso hasta media hora para expresar su voto», agregó el último votante de la península. La mala gestión del «election day», caracterizada por colas, protestas, tensiones e indisposiciones, recibió el juicio negativo de la prensa extranjera.

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