Analisis Internacional

Ecuador y Bolivia en la cruz

Por Niko Schvarz

 

También nos impactaron las imágenes del agudizado drama que atraviesan los bolivianos, particularmente los viejos. Más allá de los discursos oficiales, éstos son los verdaderos rostros de América Latina.

No vamos a volver sobre las cifras frías que denuncian a nuestra América como la región de mayor desigualdad social en el mundo. Ahora ello se ha revelado a nuestros ojos en carne viva. En cada reunión del BID se reiteran letanías sobre la pobreza expandida por la tierra como si fuera una maldición bíblica, y el BID reconoce que en nuestro continente un número creciente de niños viene al mundo con el estigma de la pobreza marcado en la frente y en el alma. Ahora nos sacuden como una cachetada estos niños ecuatorianos. Vimos sus rostros, oímos sus voces. Y también nos persiguen las imágenes de los viejos jubilados bolivianos.

Expulsados de su tierra

Nadie habrá dejado de leer las notas en que LA REPUBLICA expuso crudamente los entretelones del drama. Llegan hasta nuestra capital las ramificaciones de una banda de traficantes que compran (por dos vintenes) sus bellas artesanías a indígenas ecuatorianos y las hacen vender aquí por niños traídos con engaño, pagándoles con un plato de arroz al día (como también sucedía con inmigrantes chinos trabajando en régimen de esclavitud en Buenos Aires). No es el único caso de ecuatorianos expulsados de su tierra. Cientos de ellos salieron a buscar una oportunidad de vida en España, fueron expulsados por la ley de extranjería y carecían de medios para retornar, sin trabajo y sin documentos, colgados entre la tierra y el cielo. Ahora llega hasta nosotros el reflejo de uno de los grandes dramas del mundo actual.

Es el de los inmigrantes que procuran llegar a España desde el norte de Africa en cáscaras de nuez contratadas a precios de usura y a menudo pagan el intento con su vida. Es el de los albaneses que se arriesgan por el Adriático con suerte diversa para llegar a Italia como la tierra prometida. Y es también el caso de los 60 jóvenes chinos que ingresaron a Gran Bretaña en camiones frigoríficos y murieron congelados, salvo dos, en un operativo que la Policía detectó con anticipación pero no actuó y los dejó morir para obtener pruebas de los manejos de una banda internacional. O de los muchachos que aparecieron muertos, también congelados, en la carlinga de aviones tras vuelos transoceánicos.

Niños pobres, pobres niños

Estos chicos ecuatorianos integran el contingente de más de 250 millones de niños que trabajan en el mundo en condiciones similares a las descritas en el siglo XIX en novelas de Dickens o El Capital de Marx, como recordábamos hace poco. Agregábamos que cada año mueren 12 millones de niños por hambre o enfermedades perfectamente curables: es el equivalente al impacto de 40 bombas de Hiroshima. Más de 260 millones de niños no asisten a la escuela (y hay 850 millones de adultos analfabetos). Una contribución anual del 1% de las 200 personas más ricas del mundo podría dar acceso a la escuela primaria a todos, a un costo menor de lo que gasta anualmente Estados Unidos en cosméticos o Europa en helados.

El embajador ecuatoriano en Uruguay declaró que su país sufre las consecuencias de fenómenos climáticos como la corriente del Niño. Pero en realidad lo que provoca efectos devastadores en Ecuador es otra corriente del Niño llamada FMI y política económica neoliberal.

La maldición del FMI

En ese sentido Ecuador es una víctima propiciatoria. Allí el FMI se metió directamente a comandar la política económica de sucesivos gobiernos, causando un deterioro sensible del nivel de vida del pueblo. Fue el FMI el que impuso la dolarización de la economía, las privatizaciones en cadena, la suba de precios y tarifas, un salvataje de 7 mil millones de dólares a los banqueros corruptos mientras se congelaron, en términos de expropiación, los depósitos de los ahorristas. El rechazo decidido a esta política movilizó a los más amplios sectores sociales: la Confederación de Nacionalidades Indígenas, sindicatos obreros y transportistas, estudiantes, sectores democráticos del ejército como el que expresa Lucio Cáceres haciendo causa común con el pueblo; todo lo cual determinó la huida del presidente Jamil Mahuad el 21 de enero de 2000, cuando la movilización alcanzó su punto más alto.

Esta prosiguió en forma incesante desde que asumió Gustavo Noboa para seguir en el trillo de su antecesor. El pasado 29 de enero, mientras estaba reunido el Foro Social Mundial en Porto Alegre, los indígenas iniciaron la «toma de Quito» y acamparon en la Universidad Salesiana para reclamar la derogación de los aumentos leoninos del gas doméstico, la gasolina y los transportes, así como la liberación de su líder Antonio Vargas, lograda tras dos días de manifestaciones.

Hoy mismo, esta lucha continúa. Por imposición directa del FMI, que actúa sin tapujos (por eso el caso de Ecuador es paradigmático) el Congreso debatió el proyecto enviado por Noboa para elevar el IVA del 12% al 14%, con resultado incierto tras una serie de votaciones influenciadas por una movilización popular sin tregua. (Quizá el lector esté comparando mentalmente con Uruguay, donde el IVA es del 23%, el más alto del mundo, y se pretende imponer un aumento disfrazado del 3% más, mientras sigue inconmovible el impuesto a los sueldos).

El calvario de los jubilados

Hemos visto también estos días una manifestación tremenda de los jubilados bolivianos, indios en su mayoría, con uno de ellos como imagen de Cristo crucificado, otros arrodillados junto a sus mujeres ante el Palacio del Quemado, clamando por un aumento de sus misérrimas jubilaciones, que no les permiten vivir.

Son los hermanos de los que conformaron un vasto movimiento unido para luchar por el agua en Cochabamba; de los que nutrieron las demostraciones de la central obrera COB, de las huelgas de los docentes, de los campesinos que en sus marchas y enfrentando la represión banzerista lograron llegar hasta La Paz al precio de mil sacrificios para exponer sus reivindicaciones de viva voz.

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