EEUU al margen de la ley internacional
Niko Schvarz
No es casual que estas votaciones, claras señales de un viraje en el organismo mundial, se produjeran muy poco después de que EEUU forzara un voto contra Cuba en la Comisión de DDHH mediante presiones y amenazas a las que se plegaron, en actitud lamentable, ex países socialistas y gobiernos latinoamericanos.
Doble derrota
En Estados Unidos mismo ha cundido la alarma frente a estos reveses de su política exterior, y en medios de difusión se abrió un debate acerca de si el país está perdiendo influencia en el panorama internacional («Is US losing clout on world stage?»). La respuesta es sin duda afirmativa. Como que, sobrepasados todos los extremos, se hubiera llegado a un punto de saturación.
Estdos Unidos, el mayor violador de los DDHH en su país y en el mundo, ha utilizado el organismo de Naciones Unidas como un foco de provocación sistemática contra Cuba, al tiempo de mantener bloqueada a la isla desde hace cuarenta años. Ahora esto se va a acabar. Y hablando de derechos humanos, es bueno destacar que ahora mismo en Washington el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, declaró que «Cuba ha hecho un trabajo excelente en educación y salud», que merece felicitaciones; que la mortalidad infantil es de 7 por mil, muy inferior a la del resto de América Latina incluyendo Puerto Rico; que la expectativa de vida es de 76 años, equiparable a la de Costa Rica y mejor que la de los demás países, y que sus niveles de alfabetismo son los más altos, del orden del 97%.
Estados Unidos, que fracasó en la campaña por un tercer mandato de su embajador Herbert Okun como vicepresidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), utilizaba los monitoreos del organismo para introducir sus aviones, sus espías y sus ropas más o menos camuflados en todas partes (ejemplo típico: el Plan Colombia y su extensión a toda la Amazonia), alegando una lucha contra la droga que es el primero en desconocer porque es el primer consumidor, en un negocio del orden de los 600 mil millones de dólares anuales que en un 60%, por parte baja, se lavan en los bancos estadounidenses.
De Kyoto al sida
Pero hay todo un reguero de grandes temas en que EEUU se coloca al margen de la ley internacional. Bush denunció el protocolo de Kyoto, un compromiso asumido por todos los estados para disminuir los gases que envenenan la atmósfera, que Clinton había suscrito y ahora EEUU anuncia que no cumplirá (a pesar de ser el mayor contaminante mundial), en gesto de olímpico desprecio a la humanidad. Tampoco suscribió la convención para la eliminación de las minas antipersonales, que a cada paso causan víctimas inocentes en diversas latitudes. Y menos aún ratificaron la Convención de los Derechos del Niño, ni el Estatuto de Roma para la creación de un tribunal penal internacional. Asimismo, se oponen a una lucha efectiva contra el flagelo arrasador del sida, porque hacen prevalecer los intereses de las gigantescas trasnacionales del medicamento, que han sido enfrentadas con decisión por Sudáfrica, particularmente.
El gabinete petrolero
La denuncia del protocolo de Kyoto ha traído cola, al punto que las poderosas petroleras de matriz norteamericana, se apresuraron a declarar, tras el anuncio de Bush, que ellas se desentendían por completo del asunto y seguirían polucionando la atmósfera, sin contemplaciones. Así lo hizo la Exxon, y el clan de las «siete hermanas» siguió sus huellas.
Al informar al respecto, los propios medios de EEUU señalaban la influencia preponderante de los intereses petroleros en el gobierno y el gabinete de su país. Empezando por el petrolero Bush, de la BP Amoco, siguiendo por el vicepresidente Dick Cheney, magnate petrolero de Texas, y por la agresiva secretaria de seguridad Condoleezza Rice. Sin olvidar al secretario de Comercio Don Evans, de la Tom Brown.
Espionaje y chantaje
Todo esto encaja perfectamente en los marcos de la recrudecida política de guerra y armamentismo, de la cual estos 110 días de gobierno de Bush han sido pródigos en ejemplos.
El impulso renovado a la guerra de las galaxias (el escudo antimisiles) y la aceleración de la carrera de armamentos se destacan en este sentido, lo mismo que la belicosa política contra China, que asume los rasgos de una provocación reiterada. Primero fue el espionaje militar descarado en su frontera, la violación de su espacio aéreo, el derribo de un avión y la muerte de su piloto. Pero aún no acallados los ecos de esta agresión, se reanudan los vuelos-espía, buscando nuevas zonas de confrontación, al tiempo que Taiwan se hunde bajo el peso de los armamentos sofisticados vendidos por Estados Unidos. La llamada nueva filosofía militar acuñada a la sombra del Pentágono, se afirma en el crecimiento desbordado de los gastos militares, por encima de los 300 millones de dólares al año.
Esta política no deja ninguna región del planeta al margen. En Oriente Medio recrudece el clima de terrible violencia, expresado en hechos que simbolizan los extremos de barbarie a que es posible llegar, como el asesinato de una beba de cuatro meses, el lapidamiento de dos jóvenes y la construcción incesante (política de hechos consumados) de asentamientos israelíes en territorios palestinos.
En pocos lugares como éste podría desempeñar un papel tan positivo la interposición de una fuerza internacional de paz. Pero la propuesta respectiva naufragó en el Consejo de Seguridad por el veto de EEUU, en acuerdo con Sharon.
En otro escenario, el presidente Kostunica debió realizar el consabido viaje a Canossa, es decir a Washington, para oír de labios de Bush –así lo trasmiten los medios norteamericanos– que la ayuda de EEUU a Yugoslavia depende de que éste entregue a Milosevic al tribunal de La Haya, a pesar de la voluntad manifiesta del gobierno de Belgrado de resolver sus problemas internos por su propia cuenta.
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