Opinión internacional

Escuadrones paramilitares en el banquillo

Niko Schvarz

 

El presidente Pastrana los condenó, en declaraciones en su país y en el exterior, por las últimas masacres en el Cauca. Algunos de sus integrantes han sido capturados. Pero siguen contando con la complicidad de altos mandos militares y el Ministerio de Defensa, y con buenos padrinos en el State Department.

Se ha llegado al extremo de que el gobierno de EEUU, siempre bien dispuesto hacia las AUC de Carlos Castaño, parece dispuesto a considerar si algún día los incluye en la lista de las organizaciones terroristas. La Casa Blanca evalúa esta posibilidad, que quizá se concrete dentro de algunos meses. O no.

Reguero de crímenes

Una lista (incompleta) de Human Rights Watch referida en esencia a los cuatro primeros meses de este año menciona los asesinatos a machetazos de campesinos en Sucre (enero 17), «un macabro recorrido de 500 paramilitares por 13 poblados de Alto Nayua, Cauca, durante la Semana Santa», con decenas de muertos (abril 14) y un documento del gobierno que cifra en 529 las personas ejecutadas por paramilitares entre enero y abril. Además, la ofensiva sangrienta de la AUC en Bolívar para frustrar las conversaciones de paz con el ELN provocó decenas de muertes y desplazamientos de población, sumados éstos a los 134 mil registrados en los primeros 6 meses de 2000, «la mayoría por obra de los paramilitares», a los cuales el informe responsabiliza de las tres cuartas partes de las muertes en el período. Entre ellas, las de connotados dirigentes sindicales, como Ricardo Orozco y José Luis Guete, más recientemente el periodista del semanario «Voz», Flavio Bedoya, por haber denunciado la masacre de campesinos en el puerto de Tumaco, más el atentado contra el dirigente Wilson Borja, que sobrevivió por milagro. Según la central unitaria CUT en el último quinquenio fueron asesinados 1.520 sindicalistas, la mayoría por paramilitares.

Las AUC perpetraron una nueva matanza en el Cauca el 4 de mayo y amenazaron de muerte al gobernador (Floro Tunubalá, el único indígena electo para ese cargo) y a los alcaldes de cinco municipios, conminándolos a renunciar.

Complicidad de mandos militares

Las FARC denunciaron con nombre y apellido a los mandos de destacamentos militares que operan en contubernio con las bandas de «paracos». Un informe reciente del gobierno señala vínculos directos de estos grupos con narcotraficantes y grandes terratenientes que los financian, a la vez que admite «la complicidad de algunos agentes estatales», sobre todo de las Fuerzas Armadas. En febrero un general del ejército fue condenado por dejar vía libre a los «paracos» que asesinaron a 30 civiles en Mapiripán. Al mes siguiente fueron destituidos 135 policías por vínculos con paramilitares. Pero también elementos civiles del gobierno se prestan a este juego, al punto que el ministro del Interior llevó al propio Castaño a los medios y le dio categoría de interlocutor. También las altas jerarquías de la Iglesia Católica hicieron lo suyo, aprovechando los sermones de Semana Santa para, vestidos de púrpura y oro, abogar por los paramilitares y otorgarle status político a sus diarias matanzas.

En el actual diálogo de paz, que prosigue pese a todas las dificultades, las FARC insisten en el canje de policías y militares por guerrilleros. Quien ha salido a oponerse violentamente a esta medida humanitaria es el comandante del ejército, general Jorge Mora. La investigación del atentado contra Borja y otros sindicalistas desaparecidos ha revelado que están operando redes siniestras al interior de las FFAA para el desarrollo del terrorismo de Estado. Incluyen toda una estructura de sicarios, falsificación de órdenes judiciales y espionaje telefónico masivo.

Complicidad de EEUU

Bush nombró en un cargo relevante del Departamento de Estado a Otto Reich, con un oscuro historial ligado al paramilitarismo, terrorismo, drogas y desestabilizaciones. El Nuevo Herald sostuvo (24 de marzo) que Castaño está colaborando con el gobierno norteamericano y destaca la afirmación de Peter Romero, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, de que más temprano que tarde el gobierno colombiano deberá hacer acuerdos con el paramilitarismo.

El Boston Globe del 28 de marzo desnuda los mecanismos de este operativo. Un artículo firmado por Karl Penhaul recoge la afirmación de comandantes paramilitares de que «ellos están funcionando de hecho como la vanguardia del Plan Colombia», ya que luego de tres meses de operaciones encubiertas en el Putumayo «alejando a la guerrilla y asesinando a sus supuestos simpatizantes», despejaron el camino a los batallones antinarcóticos permitiéndoles adentrarse en la zona sin temor a emboscadas y a perder sus helicópteros y aviones fumigadores. Un apodado «Comandante Wilson», ex miembro de una unidad del ejército que se pasó a los «paracos» (y no es el único caso), especifica: «La XXIV Brigada del Ejército y la Brigada Antinarcóticos saben dónde estamos, entonces deciden fumigar las zonas previamente aseguradas por nosotros. Dependen enteramente de nuestra ayuda. El Plan Colombia sería casi imposible sin la ayuda de las fuerzas paramilitares», afirmación que sirve de título al artículo, en el cual se detalla la coordinación de movimientos entre el ejército y los paramilitares.

Carambola a tres bandas

En realidad, es una carambola a tres bandas, con participación directa de EEUU y su Plan Colombia, en una zona extremadamente móvil. Hace unos días un avión de la CIA operando sin control en la región amazónica a partir de Iquitos derribó un aparato en que viajaban misioneros norteamericanos. Por otro lado, se pretendió escandalizar con la captura de Fernandinho, un narcotraficante brasileño de alto copete, inventándole presuntos vínculos con las FARC, pero todo se diluyó en el ridículo. Mientras tanto, sigue sin pausa la aplicación del Plan Colombia. Llegan aviones y helicópteros de la era Vietnam y operan sobre el terreno 500 militares norteamericanos (aunque el general Peter Pace, jefe del Comando Sur en reemplazo de Charles Wilhelm desde el 8 de setiembre 2000, redujo modestamente la cifra a un centenar), más los mercenarios proporcionados por la Dyn Corp. y otras agencias. Se amplía la base de Manta en Ecuador, con un nuevo aeropuerto y nuevas pistas. En este cuadro se prepara un encuentro de solidaridad y por la paz en Colombia a efectuarse en julio en San Salvador.

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