Musulmanes esperan al jefe de los católicos

Damasco, ANSA

 

Siria, el nuevo destino que el papa Juan Pablo II incorporará a su largo peregrinaje a partir de hoy, «lava su cara» para recibir por primera vez en la historia a un máximo exponente de la Iglesia Católica en su peregrinaje sobre las huellas del apóstol San Pablo.

Se trata de un país que con dificultad intenta deshacerse de obsoletas reglas políticas y de mercado para modernizarse.

Desde hace varios días equipos de obreros sirios pero también ciudadanos trabajan en las calles de Damasco para preparar la ciudad.

«El Papa es un visitante santo y grande, y debemos entregar lo mejor de nosotros para darle la bienvenida», afirmó Salma Zeitum, una mujer de 45 años en Bab Sharqi, en la ciudad vieja, mientras lava los vidrios de la ventana de su casa como parte del folclore previo a la llegada del Pontífice.

«La visita del Papa es muy importante para nuestro país, él podrá tener una clara idea de lo normal que es para nosotros la coexistencia pacífica entre cristianos y musulmanes», afirmó Omar Halabi, musulmán, jefe del equipo que está instalando una pantalla gigante en el estadio Abbasyde en Damasco.

A su llegada a la capital siria, el Pontífice será recibido por el joven presidente Bashar el-Assad, quien parece ser el primero que se encuentra en dificultades para romper con los rígidos esquemas impuestos al país por su padre Hafez, quien gobernó durante 30 años con puño de hierro.

Cuando Bashar, un oftalmólogo de 35 años de edad, fue elegido jefe del Estado en julio pasado tras la muerte de su padre un mes antes, prometió introducir reformas políticas y económicas.

Así, generó expectativa en su país pero también en Líbano, donde Siria desde 1976 tiene desplegados aún 35.000 militares sobre dos tercios del territorio y ejerce una inmensa aunque resistida influencia política y militar.

En el estadio Abbasyde, el Papa celebrará el domingo una misa en la que, según está previsto, participarán decenas de miles de fieles, muchos de ellos provenientes precisamente del Líbano, aunque también los habrá de Jordania, Irak y Turquía.

Pero la llegada del Papa es esperada con ansia también por los no católicos, que ven en él un elemento más en la anunciada política de reformas y apertura, y sostienen que «hay un solo Dios para todos».

Los preparativos de seguridad marchan a ritmo pleno y miles de agentes vestidos de civil estarán desplegados en todos los rincones de la ciudad: «Siria es un país seguro pero de todos modos hacemos nuestro trabajo», se justifican, anónimamente, muchos de ellos. Las luces de alerta para la seguridad del Papa podrían provenir de sectores radicalizados del grupo sunnita ilegal de los Hermanos Musulmanes. Pero la delicada salud del Pontífice también mantiene en vilo a los anfitriones, quienes tienen listas las ambulancias.

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