El Papa pide perdón por el saqueo de los cruzados en Constantinopla
Atenas, ANSA
«Por las ocasiones del pasado y del presente, en la que los hijos e hijas de la Iglesia Católica han pecado por acción u omisión contra los hermanos y hermanas ortodoxos, te pedimos Señor que les concedas el perdón», dijo el jefe de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Juan Pablo II exhortó a mirar «hacia adelante», al ser recibido en la sede del arzobispo ortodoxo Christodoulos y dio satisfacción a los que pedían el mea culpa por lo sucedido en la IV Cruzada al hablar de «recuerdos particularmente dolorosos» y del «profundo pesar» de los católicos por el hecho de que «los saqueadores de Constantinopla eran «cristianos latinos».
«Vengo como peregrino», afirmó Juan Pablo II en esta ciudad, donde besó la tierra, antes de proseguir, hoy, hacia Siria y Malta, siguiendo las huellas del apóstol Pablo.
El vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls, confirmó que el Papa besó la tierra griega, un gesto que era resistido por los ortodoxos griegos.
Una religiosa llevó la tierra de su convento en una escudilla y se la entregó a un niño que a su vez la hizo llegar al Papa para que la besara.
El Papa hizo un mea culpa por el saqueo de Constantinopla en 1204 por los cruzados, dando así satisfacción a los ortodoxos, pero también aludiendo a la posibilidad de cambiar las formas de unión a Roma de los «uniatos», como se denomina a los católicos de rito bizantino pero fieles al Papa.
Por otra parte, el Papa elogió la tradición religiosa griega, aunque reivindicó la tradición apostólica de la Iglesia católica de Roma , negada por los extremistas ortodoxos que la consideran cismática y herética.
Karol Wojtyla, quien cumplirá 81 años el 20 de mayo, afirmó con energía la opción «irrevocable» de la Iglesia católica en favor de la unidad de los cristianos.
El Papa recordó en su discurso al Patriarca Atenágoras, máxima autoridad honorífica de la ortodoxia quien, en 1965, junto al Pablo VI, levantó las excomuniones recíprocas lanzadas en el momento del cisma de 1054 y se abrazaron.
Inicialmente, el encuentro de ayer fue más frío, con dos sillas idénticas para Juan Pablo II y Christodoulos, una junto a la otra, con dos discursos leídos y dos séquitos igualmente formales.
Pero al final de su discurso el Papa fue aplaudido y cuando el arzobispo recibió como regalo de Wojtyla una imagen de Cristo primero besó el cuadro y después al Papa.
Christodoulos también acompañó al Pontífice hasta la salida del arzobispado.
Sin embargo el recuerdo de 1965 fue un llamado a superar actitudes de hostilidad que hicieron decir al obispo católico de Atenas que en Grecia «el ecumenismo no existe».
«Tenemos en común –dijo el Papa– la herencia apostólica y este vínculo sobrenatural de fraternidad entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Grecia es fuerte y persistente. Estamos gravados de controversias pasadas y presentes y por persistentes incomprensiones. Sin embargo en espíritu de caridad recíproca éstas pueden y deben ser superadas porque el Señor nos lo pide».
«Pienso en el saqueo desastroso de la ciudad imperial de Constantinopla», admitió el pontífice.
«Es trágico que los saqueadores que habían establecido que garantizarían a los cristianos libre acceso a la Tierra Santa, se hayan después rebelado contra sus propios hermanos en la fe. El hecho que hayan sido cristianos latinos llena a los católicos de profundo pesar», reflexionó.
Pero «solamente a Dios corresponde el juicio y por lo tanto confiamos la pesada carga del pasado a su misericordia infinita, implorándole que cure las heridas que aún causan sufrimiento al espíritu del pueblo griego», concluyó el Papa.
Este primer día de su viaje internacional número 93, que continuará a partir de hoy en Siria y Malta, era el más difícil de los cinco de la peregrinación siguiendo las huellas de Pablo.
Pero los cuestionamientos no fueron de una muchedumbre sino de menos de cien personas, extremistas ultraortodoxos.
Ambos líderes religiosos firmaron una declaración conjunta en la que auguran «el éxito y el progreso de la Unión Europea».
«La unidad del continente en una única entidad civil, sin que los pueblos que la componen pierdan su conciencia nacional, sus tradiciones, su identidad, fue una intuición de sus pioneros. La tendencia emergente a transformar a algunos países en estados secularizados sin alguna referencia a la religión constituye un regreso y una negación de su herencia espiritual», dice la nota.
La declaración llama a «intensificar nuestros esfuerzos para que la unificación de Europa se lleve a cabo. Será nuestra tarea hacer lo posible para que se conserven las raíces y el alma cristiana de Europa».
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