Hace 20 años moría Bobby Sands

Belfast, ANSA

 

Hace exactamente veinte años, Bobby Sands y otros nueve jóvenes irlandeses republicanos se dejaron morir de hambre en un gesto de supremo desafío al «ocupante» británico, en la cárcel de Maze, que ahora está vacía.

En ese momento, por aquellos ocho brazos de cemento en forma de H de la periferia de Belfast, escenario de uno de los episodios más trágicos de la historia irlandesa, pululaban centenares de detenidos.

El techo de acero, las tétricas puertas y el cielo gris y lluvioso son los mismos de aquel 5 de mayo de 1981, cuando Bobby Sands murió después de 66 días de ayuno.

Ese día se transformó en leyenda, una leyenda que aún está escrita en las paredes de Belfast y esculpida en el corazón de una generación de nacionalistas.

Pero ya nada es como era entonces en aquella cárcel que vio el martirio de los 10 prisioneros y la resistencia de madres, mujeres y hermanas respetuosas de la voluntad de sus hombres, hasta el punto de no firmar el pedido que los habría arrancado a último momento de la muerte.

Nada tampoco es lo mismo afuera de la cárcel, en este ventoso lugar donde, después de treinta años de guerra civil, católicos que sueñan una Irlanda unida y protestantes que quieren seguir siendo británicos están laboriosamente aprendiendo a vivir juntos.

Las armas no están definitivamente mudas, todavía están los que quieren a los católicos encerrados en sus «guetos» y humillados y hay también quien no dijo adiós a la lucha armada contra los «brits».

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