El Papa inicia el viaje más difícil de su pontificado
Ciudad del Vaticano, ANSA
Como muestra de los inconvenientes, por primera vez en la historia de los viajes papales fue rechazada la presencia de un cardenal en la delegación –Ignace Moussa Daoud, patriarca sirio– porque debido a su condición de «uniato» (rito griego-ortodoxo pero fiel a Roma) es considerado «enemigo» de los ortodoxos.
Tras un tira y afloje con el patriarcado griego, la Santa Sede finalmente aceptó que Moussa Daoud, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, se quedase en el Vaticano.
No se aceptó, en cambio, abandonar la tradición de besar la tierra, gesto que el Papa repite cada vez que llega por primera vez a un país.
El «beso de la tierra», que marcó cada uno de los 92 viajes de Juan Pablo II al exterior, es condenado duramente por los ortodoxos más extremistas, que temen un acercamiento al catolicismo después del cisma de 1054.
Pero, según informa hoy la prensa griega, el Papa recibirá mañana en el aeropuerto de Spata, a 28 kilómetros de Atenas, solamente un ramo de flores y de olivo, y no se le acercará un recipiente con tierra para que lo bese, de manera de que «quede claro que el país es ajeno al catolicismo».
El teólogo Ghiorgos Metallinos, vinculado a las asociaciones de religiosos y laicos «salvadores de la pureza de la fe ortodoxa, se sumó a la polémica al declarar que «la insistencia papal en la tradición del beso de la tierra es una farsa, un gesto para ampliar la supremacía vaticana a todo el mundo cristiano».
Fuentes católicas en Atenas no excluyeron que el Papa, «quien deseó mucho esta peregrinación sobre las huellas del apóstol Pablo, realice un gesto de reconciliación y de ecumenismo aún más significativo».
La permanencia del Pontífice en Atenas, el 4 y el 5 de mayo, estará marcada por manifestaciones de los grupos ultraortodoxos, mientras 160 monasterios redoblarán a luto sus campanas durante las 24 horas de su visita.
Otro tema controversial en el que aún no se llegó a un acuerdo es la declaración conjunta del Papa y el primado de Grecia, arzobispo Cristodoulos, en la que los ortodoxos piden referencias a Chipre (ocupada militarmente por Turquía en 1974) y a los Balcanes.
El problema entre Roma y Atenas no es solamente teológico sino también histórico.
La desconfianza de los ortodoxos hacia los latinos se remonta a la IV Cruzada en 1204. Mientras el catolicismo no la recuerda en particular, para los ortodoxos es una herida abierta el asalto de los cruzados a Constantinopla, la instauración de un imperio y una jerarquía latina con la consiguiente decadencia del imperio bizantino.
Además, los ortodoxos consideran una especie de herejía al catolicismo.
De todos modos el gesto ecuménico de reconciliación del que hablan algunas fuentes podría ser un nuevo «mea culpa» del Papa en nombre de la Iglesia, esta vez en Atenas.
Paradojalmente, dado que se trata de un país con mayoría no cristiana sino musulmana (73 por ciento sunnitas, 15 por ciento alawitas, drusos y otras sectas) el viaje a Siria presenta menos dificultades que Grecia, dado que se respeta a los 2 millones de comunidades cristianas presentes (12 por ciento de la población) y a los cristianos en general.
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