Senador socialista pide la renuncia de su colega Pinochet

Por Víctor Vaccaro – Corresponsal en Chile

 

El senador socialista José Antonio Viera-Gallo pidió formalmente anoche la renuncia del anciano Augusto Pinochet a su calidad autoconcedida como senador vitalicio, al tiempo que sus abogados intensificaban los ataques contra el juez Juan Guzmán, con el confeso propósito de sacarlo del proceso en el que declaró reo al ex dictador como encubridor de 75 homicidios y secuestros calificados, cometidos por una comitiva militar a la que envió para «agilizar» en distintas ciudades las condenas dictadas por consejos de guerra en los días siguiente al golpe de 1973.

Cuando el largo proceso contra el anciano tirano entra en su fase final, para el nutrido equipo encargado de su defensa resulta fundamental inhabilitar «a como dé lugar» al magistrado instructor antes que el Tribunal de Alzada resuelva –posiblemente a fines de mayo– sus dos recursos de apelación presentados, uno para sobreseerlo por razones de enfermedad o locura y otro que pide la revocación del procesamiento por no existir evidencias para juzgarlo como encubridor.

La última oportunidad, luego de que la Corte Suprema desestimara todos los intentos anteriores al respaldar lo obrado por Guzmán, se presentó cuando éste usó sus vacaciones para recibir distinciones académicas en España e Inglaterra, justamente los dos países en que se intentó juzgar su responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura chilena.

El abogado y ex terrorista Pablo Rodríguez rompió los fuegos asegurando que el juez Guzmán había perdido la imparcialidad necesaria para juzgar a Pinochet al viajar a esos países a recibir premios, «precisamente por haberlo procesado» y ahora su colega Ambrosio Rodríguez anunció que recurrirán ante la Comisión de Etica del Poder Judicial para que dictamine si los honores recibidos y las declaraciones formuladas por ministro sumariante en España e Inglaterra «afectan o no su imparcialidad para juzgar al general Pinochet».

En esta misma instancia disciplinaria de la justicia se tramita otra queja que con idéntico propósito presentó la defensa del general (r) Sergio Arellano Stark, quien como delegado personal de Pinochet encabezó la «caravana de la muerte», cuyos crímenes investiga Guzmán, al que se le imputan supuestas irregularidades procesales que lo perjudicarían.

Las quejas de la defensa encontraron eco en el presidente de la Corte Suprema, ministro Hernán Alvarez, quien públicamente consideró inconveniente que los magistrados recibieran distinciones relacionadas con los procesos que instruyen y que los actos debieran limitarse a aspectos académicos. Sin embargo, rechazó indignado la versión según la cual habría telefoneado a Guzmán para que no asistiera a tales homenajes y que jamás lo ha presionado.

También el juez aludido negó tal comunicación, sólo participó en el III Congreso Iberoamericano de Derecho Penal en Zaragoza y recibió el premio «Xifras Heras» que otorga la Universidad de Gerona a personalidades que se distinguen por «su humanidad, humildad y honestidad»; aunque declinó asistir al homenaje que le preparó el Colegio de Abogados de Barcelona, por estimar que dicho acto podría tener algún contenido político.

Según «El Mercurio», diario que se ha jugado por la liberación de Pinochet, con esta visita a España y Gran Bretaña «Guzmán ha quemado sus naves». «Pareciera que con este viaje» –escribe– «el magistrado desplazó su futuro desde la judicatura chilena –donde no tiene muchas posibilidades de ascender a la Suprema– al interés por un sitial en alguna corte internacional o una universidad extranjera», porque «si la defensa logra su cometido, el proceso contra Pinochet no volverá más a sus manos».

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