El PRD lo acusa de ser el bufón del sureste azteca

La izquierda mexicana se distancia de Marcos

Ciudad de México, ANSA

 

El PRD, principal referente de la izquierda, advirtió que no permitirá «nuevas posiciones amnésicas» de Marcos, a quien acusó de pretender convertirse en el «Gran Hermano» y en el «brozo (bufón) del sureste mexicano».

El detonante del divorcio fue la decisión de la bancada del PRD, tercera fuerza política nacional, en el Senado, de avalar los cambios a la legislación que impulsó el ejecutivo, con los que la guerrilla no coincidió al considerar que no responden a sus reclamos de justicia y autonomía.

Aunque la fracción parlamentaria del PRD en Diputados adoptó una posición contraria y rechazó las enmiendas, el daño para los zapatistas ya estaba hecho.

La dirigencia nacional del PRD admitió que cometió un «error táctico» en la votación en la Cámara Baja y asumió su responsabilidad por considerar que «no se comprendió» el comportamiento de los legisladores.

Marcos, vocero y estratega de la insurgencia levantada en armas el 1º de enero de 1994, acusó el lunes al jefe de los senadores perredistas, Jesús Ortega, de ser parte de la «maldita trinidad» que pretende que «la guerra no termine» en el sureño estado de Chiapas, al anunciar que los zapatistas no reanudarán el diálogo con el gobierno.

Ortega respondió también duramente acusando a Marcos de calumnias y de pretender erigirse en el «Big Brother» de la izquierda mexicana, aludiendo a la figura dictatorial de la novela «1984», del escritor inglés George Orwell.

«Nosotros actuamos de buena fe y no por ridícula conspiración maldita», señaló el dirigente del PRD y dijo que Marcos «no tiene derecho, razón o autoridad alguna» en sus argumentos.

Al anunciar su rechazo a la ley indígena, Marcos señaló que los zapatistas seguirán «en resistencia y rebeldía» y retiró a su enlace con el gobierno.

En tanto, el senador perredista Demetrio Sodi acusó a Marcos de pretender convertirse en el «brozo (bufón) del sureste mexicano».

La aprobación de la ley era una de las tres condiciones mínimas establecidas por la guerrilla para retornar al diálogo, suspendido en setiembre de 1996. Las otras dos eran el retiro del Ejército de siete posiciones en los bastiones rebeldes y la liberación de los presos zapatistas, casi completamente cumplidas.

La presidenta del partido, Amalia García, al definir la nueva relación con la guerrilla, señaló que Marcos «hace algunas insinuaciones que no reconocen el papel que ha jugado el PRD en favor de la paz» y pone «en duda nuestros compromisos».

«No sólo no estamos de acuerdo; no podemos aceptar este tipo de acusaciones», señaló con énfasis.

El PRD puso en claro que su solidaridad es con el movimiento indígena de todo el país y no con un grupo en particular, «por muy emblemático que éste sea».

García señaló que si no hubo contactos entre el PRD y la guerrilla durante la estadía de sus dirigentes en la capital ahora «es peor: estamos en una situación de ambigüedad y no podemos mantenernos disculpándonos siempre».

La ruptura del PRD con los zapatistas amenaza con debilitar al partido, ya de por sí amenazado por la fuerza creciente de la llamada «izquierda social», el variopinto mosaico de organizaciones no gubernamentales que en general apoyan a los zapatistas.

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