Una lluvia de críticas previstas
Washington, ANSA
La lluvia de críticas previstas, y menos violentas de lo previsto, no detiene al presidente norteamericano George W. Bush, que volvió a lanzar el proyecto de defensa antimisiles.
Las primeras reacciones frente al discurso sobre el escudo espacial pronunciado el martes en la National Defense University permitió a Washington pasar revista a sus aliados más condescendientes, Gran Bretaña y Canadá, y a los menos convencidos.
Entre los últimos se encuentra el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Joschka Fischer, que llegó a Washington a tiempo para decirle al secretario de Estado, Colin Powell, que el tratado antibalístico ABM entre Estados Unidos y Rusia no se debe tocar «si no es para sustituirlo por algo mejor».
Las consultas con los aliados comenzarán la próxima semana, cuando la Casa Blanca envíe delegaciones a Europa y Asia para explicar, porque las dudas siguen siendo muchas, las propias intenciones sobre sistemas antimisiles, el tratado ABM y las reducciones de los arsenales nucleares.
Los rusos entretanto se enojan con Bush, pero mucho más los chinos que hacen hincapié en el riesgo de un «relanzamiento de la carrera armamentista».
Pero las reacciones son reservadas y opuestas también entre los especialistas norteamericanos.
La prestigiosa Brookings Institution se pregunta si el proyecto del presidente, del que se conocen pocos detalles, no es demasiado ambicioso o limitado y cuál debe ser exactamente su medida.
El Council for a livable world education fund, de tendencia progresista, dijo que Bush debe renegociar sobre el ABM y el escudo espacial
Entretanto, Ivan Eland, director de política de defensa del Cato Institue, conservador, dijo que «el discurso de Bush es prematuro, porque la tecnología aún no está lista».
El presidente quiere tranquilizar a los defensores del escudo espacial en el Congreso, sobre todo entre los republicanos, aunque la situación genere riesgos en las relaciones con los europeos.
A pesar de las lagunas, el discurso del martes de Bush constituye un paso hacia un cambio en la doctrina de disuasión hasta ahora practicada por occidente y ganadora en la Guerra Fría.
El presidente norteamericano se preocupa por atemperar las preocupaciones. Llamó a Vladimir Putin, el presidente ruso con el que se encontrará en Génova en la Cumbre del G-8, y está haciendo una consulta telefónica con los líderes de los países amigos. El teléfono sonó ya en la OTAN y en Londres, París, Berlín, Ottawa y Seúl.
A todos les explicó que el escudo les servirá para protegerse de ataques misilísticos de los así llamados «países fuera de la ley», como Irak y Corea del Norte e incluso de tiros por error de misiles intercontinentales.
«El mundo es distinto desde hace 30 años o más, dijo en su discurso. El muro cayó, la cortina de hierro no existe más, Rusia no es más el enemigo, pero el mundo sigue siendo peligroso y es menos previsible», dijo.
La revisión del ABM es necesaria porque «tenemos necesidad de una nueva cumbre que nos permita construir defensas contra las amenazas del día de hoy», utilizando «todos los instrumentos tecnológicos a disposición».
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