La calma parece volver a la tierra de bereberes
Argel, AFP
Bejaia, la capital de la Pequeña Kabilia, unos 250 km al este de Argel, volvió a la normalidad este miércoles, según un periodista de la AFP.
Los comercios reabrieron sus puertas y los transportes circulaban normalmente, aunque eran perceptibles los rastros de la ira de los jóvenes que protagonizaron los incidentes.
Todo lo que simboliza el poder central de Argel, resultó dañado a pedradas: la Casa de la Cultura, la delegación de Finanzas y la de la seguridad social, correos y los bancos estatales. Las fuerzas públicas custodiaban discretamente los edificios públicos, mientras los empleados municipales se esforzaban por borrar las huellas de los enfrentamientos.
En la Gran Kabilia, Tizi Uzu (110 km al este de Argel) volvió «tímidamente» a la actividad, aunque era perceptible «cierta tensión en el ambiente», según habitantes consultados por teléfono. Algunos comercios abrieron, aunque los servicios públicos y las escuelas mantuvieron sus puertas cerradas, señalaron las mismas fuentes.
En cambio, por primera vez se produjeron pequeños incidentes en Bordj Bu Arreridj (80 km al sur de Bejaia), en la Pequeña Kabilia.
Una escuela fue saqueada en Theniet El Nasr, y un ayuntamiento y una sede de la subprefectura quemados en Ait Jelifa, según el partido kabil Unión para la Cultura y la Democracia (RCD).
Esta formación, con fuerte implantación en la región, acaba de abandonar el gobierno en protesta porque «durante seis días, los gendarmes dispararon con balas reales contra jóvenes con las manos vacías», lo que consuma la ruptura entre la Kabilia y el poder central, y devuelve a esta región al tradicional papel de oposición.
El partido estaba al frente de dos ministerios, el de Obras Públicas y el de Transporte.
Los enfrentamientos estallaron tras la muerte en la Kabilia, el 18 de abril, de un estudiante en una gendarmería de Beni Duala, cerca de Tizi Uzu, la principal ciudad de la Gran Kabilia (110 km al este de Argel).
Según balances de prensa, entre 60 y 80 manifestantes habrían muerto y cientos habrían resultado heridos.
Según el ministerio argelino del Interior, 42 personas murieron (entre ellas un oficial de policía) y 572 resultaron heridas (184 manifestantes y 388 «elementos de los servicios de seguridad»).
Se trata de un episodio especialmente sangriento de la historia de las reivindicaciones de los bereberes, que reclaman al Estado el reconocimiento de su lengua y su cultura en términos de igualdad con el árabe, única lengua oficial en Argelia.
En esta ocasión, las protestas tuvieron un marcado carácter social. Los amotinados pedían trabajo, vivienda y dignidad, ya que se consideran discriminados por la administración y obligados a desempeñar un papel de «ciudadanos de segunda», según ellos.
Por su parte, el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), del viejo opositor Hocine Ait Ahmed, también kabil, ha convocado para el jueves por la tarde en Argel una «marcha pacífica» para denunciar el daño «irreparable» cometido en Kabilia.
Pese al carácter de la manifestación, Ahmed estimó este miércoles en Lausana (sudoeste de Suiza), donde reside, que el «dispositivo militar-policial desmesurado» que se está desplegando en Argel augura un «baño de sangre».
El dirigente histórico instó al secretario general de la ONU, Kofi Annan, y a otras personalidades a adoptar «iniciativas para prevenir públicamente a las autoridades, mandos militares y policías contra el uso sumario y masivo de las armas de guerra» contra los manifestantes.
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Hubert Vedrine, declaró que su país no puede permanecer en silencio ante la «violencia de la represión» de las manifestaciones y pidió «dialógo político» a las partes.
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