Hoy hace 10 años nuestro corresponsal estaba

En Los Angeles, cuando se desató una nueva ola de violencia racial

3 de mayo de 1992

 

Un total de 47 muertos, dos mil heridos, siete mil detenidos y más de 500 millones de dólares en daños materiales es el saldo que arroja un balance primario de estos tres días que sacudieron a Los Angeles.

Patrullas de marines armados con fusiles de asalto y equipados con chalecos antibalas tomaron posición en las calles de la convulsionada ciudad californiana. De este modo se ha logrado –aparentemente– controlar una situación que amenazó con desbordar por completo las posibilidades de respuesta de las autoridades locales, ante lo que muchos observadores consideran la revuelta racial más grave del siglo.

Como se recordará, todo empezó cuando un jurado integrado por blancos absolvió de todo cargo a cuatro agentes policiales que habían golpeado brutalmente a un chofer negro. Pero el episodio –según pudo constatar nuestro corresponsal– parece no haber sido sino el detonador de una situación de tensiones raciales que sólo esperaba hacer explosión bajo el efecto de una circunstancia fortuita. No bien se conoció el veredicto, desde los guetos negros de la ciudad comenzó una serie de manifestaciones espontáneas que se convirtieron pronto en asonadas que pusieron en jaque a las fuerzas del orden. Varios focos de incendio fueron surgiendo en distintos barrios y la circunstancia fue aprovechada para cometer actos de saqueo y vandalismo.

Hoy las calles ofrecen el aspecto de una ciudad en guerra: poquísima gente y algunos automóviles circulan por las calles en virtud del toque de queda impuesto, mientras los soldados vigilan desde posiciones estratégicas. Desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad no hay cuadra que no tenga un montón de escombros humeantes, como mudo testimonio de los más de mil incendios que sufrió la ciudad.

El presidente Bush pronunció hoy un discurso pacificador y prometió ayuda para reconstruir la ciudad, en tanto los tribunales de Justicia de Los Angeles se verán desbordados por los cerca de siete mil juicios por pillaje iniciados en estos días.

«Los soldados se irán pronto pero los problemas se quedarán», dijo un dirigente negro a nuestro corresponsal, sintetizando el sentir de la mayoría.

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