Fox intenta salvar el proceso de paz
México, AFP
La Presidencia, que admitió que la ley «deja de lado aspectos importantes», como el reconocimiento de autonomía, era blanco de críticas tanto desde los sectores pro indígenas –por considerar la ley como una traición– como desde el propio partido gobernante, uno de cuyos líderes incluso se preguntó si había pactos secretos.
El polémico Diego Fernández, coordinador de la bancada oficialista de senadores, dijo que «si hay más compromiso (del presidente) con Marcos… allá él y su gobierno. Nosotros estamos en lo nuestro y no vamos a claudicar (…) Tenemos que legislar no para el presidente (Vicente) Fox, ni para Marcos, sino para 100 millones de mexicanos».
En un minieditorial en primera plana el diario Crónica recordó el miércoles que Fox y los legisladores que aprobaron la ley fueron electos por voto popular. «Mayor legitimidad imposible. Pero Marcos no cree en la democracia. Y en el gobierno sudan ante cada disgusto del enmascarado. Increíble».
El conservador populista Fox, quien asumió la presidencia el 1 de diciembre montado en una ola que reclamaba un cambio después de 71 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), había prometido en campaña el oro y el moro, y entre sus compromisos figuraba resolver la situación en Chiapas.
Fox lanzó una serie de espectaculares medidas de distensión en pos de obtener el que sería el primer logro importante y concreto de un gobierno que, ya en el poder, se encontró con restricciones presupuestarias que bloquean muchas de sus promesas y que lo llevaron a enviar al Parlamento proyectos polémicos como extender el Impuesto al Valor Agregado a alimentos, medicinas y estudios.
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