El Partido Comunista de Argentina muestra signos de revitalizarse
Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina
La Izquierda Unida, coalición entre el Partido Comunista, el Partido Socialista de los Trabajadores y sectores independientes, se va instalando como la fuerza más fuerte de la izquierda argentina de raíces marxistas-leninistas, después del mitin que realizó el 1° de Mayo que reunió a unas 5.000 personas, muy lejos que todos otros actos rememorativos juntos.
Este y otros datos, como el haber colocado dos diputados en la Legislatura porteña, indicarían que la crisis que envolvió sobre todo al Partido Comunista a finales de la década del 80, pudiera estar entrando en una etapa de recuperación. Al menos de militantes como se apreció en el mitin conmemorativo del Día Internacional de los Trabajadores, incluso con la reorganización de su casi extinguida Juventud Comunista que el mes pasado cumplió 80 años de vida.
Los intentos de la IU por lograr entendimientos con fuerzas afines, que es una de las insistentes propuestas del secretario general del Partido Comunista, el legislador porteño Patricio Echegaray, no logran salir de la formulación. En rigor, chocan con iniciativas que pintan como muy taquilleras electoralmente como el «Polo Social» del padre Luis Farinello, pero donde este sector del socialismo de izquierda encuentra razones ideológicas muy profundas que por ahora le impiden avanzar hacia un acuerdo. El Polo Social engloba a disidentes del peronismo que van desde la izquierda a la derecha y de sectores en crisis de identidad, luego de haber apostado al Frente Grande que orienta Carlos Chacho Alvarez y que forma sociedad con el radicalismo en la Alianza gubernamental.
De la lectura de la prensa comunista, «Nuestra Propuesta» especialmente, se observa que el PCA recupera algunas pequeñas posiciones en el movimiento sindical, particularmente dentro de la Central de Trabajadores Argentinos, donde hay acuerdos estratégicos con su líder, Víctor De Gennaro, para mantener la independencia de ese sector de los vaivenes que le atribuyen a la CGT del camionero Hugo Moyano, calificada como «combativa» y mucho más, con la CGT oficial de Rodolfo Daer, numéricamente la más importante.
Sin nuevos aliados
Echegaray criticó duramente a las dos CGT por haber dado una «tregua» al gobierno desde que ingreso a él, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, conforme a las expectativas que se creó en la opinión publica que ahora parece desvanecerse. Moyano dijo que revisa la tregua por la marcha de los acontecimientos, sobre todo después de los anuncios sobre la generalización del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que provocará un alza en el costo de vida, estable en menos de cero desde hace años, no como virtud sino como una de las expresiones del estancamiento.
La IU encuentra también dificultades para poder avanzar en acuerdos políticos y eventualmente electorales con el Partido Obrero, de Jorge Altamira, un veterano tronquista, partidario de que se convoque a una Asamblea Constituyente como resultado de la una larga huelga general, que de las bases de un nuevo poder. Su consiga actual es que renuncien Fernando de la Rúa y Cavallo.
El PCA se orienta a buscar la «unidad de los que luchan», una actitud que formalmente otros sectores de izquierda se proponen. Lo real es que en su «soledad» partidaria, el comunismo comienza a exhibir una dinámica mayor. Su actual acuerdo con un sector del trosquismo enrolado en el Partido Socialista de los Trabajadores, superó la coyuntura electoral porteña de 2000 y se afianza hacia las parlamentarias del 14 de octubre. Pero, por ahora, no se ven más aliados y menos buscarlos en la disidencia orgánica de diputados del Frepaso.
En sus últimas intervenciones recogida en la prensa partidaria, Echegaray sostiene que harán «grande Izquierda Unida para superar esta crisis de alternativa, pero también la nueva etapa histórica en la Argentina en el próximo período. Este frente podría realizar una labor de resistencia que frenara la mano, recuperara espacios económico-sociales para los trabajadores y el pueblo, y pudiera abrir la expectativa de un cambio popular y revolucionario en la Argentina».
Además el legislador va en busca de un objetivo de mayor envergadura, como convocar a una Plaza del No, «como ya lo hicimos una vez, donde miles y miles de obreros, trabajadores, desocupados, estudiantes, mujeres y hombres de nuestro pueblo se expresen por un parate a la barbarie de Cavallo y la Alianza». Se verá.
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