LA VIDA BAJO LA TIERRA
Se despiertan a las 7.30 de la mañana, desayunan, pasan controles médicos, rezan y se preparan para estudiar oratoria, técnicas para responder entrevistas y canto. A 700 metros de profundidad, los 33 mineros atrapados en un yacimiento en el norte de Chile intentan llevar una vida normal hasta salir de su encierro.
«En la medida en que se superan las necesidades básicas mejora el estado de ánimo. Es un grupo de gente sana con capacidades intactas», dijo a la AFP el psicólogo Alberto Iturra, quien lidera el equipo de apoyo psicológico a los mineros.
La jornada de los mineros se inicia a las 7.30 de la mañana, con un desayuno que consiste en un sandwich y un yogurt o leche. Luego tienen un espacio para asearse, y después toman contacto con la superficie para el control médico o el reporte que hace el jefe de turno, Luis Urzúa.
«Ellos están acostumbrados a almorzar temprano, lo hacen alrededor del mediodía», añadió Iturra. Después de haber superado la etapa de recuperación y haber ingerido los nutrientes que requerían de forma inmediata, a partir de este miércoles los mineros empezarán a recibir comida preparada: el primer platillo del menú fue arroz con albóndigas y un kiwi.
Después de almorzar, realizan una oración comunitaria y dedican un espacio para leer las cartas que les envían sus familiares y responderlas. Aunque en un primer momento se informó que cinco de ellos atravesaban por un cuadro depresivo, Iturra explicó que era «natural que después de la euforia del encuentro les haya venido un decaimiento en el ánimo», aunque luego de que sus necesidades básicas fueron satisfechas, están recuperados, dijo el psicólogo. «Sus capacidades se han ido dando de menos a más. Enfrentaron la adversidad muy bien», aseguró Iturra.
Los equipos técnicos elogiaron la organización de los mineros: se dividieron en tres grupos por iniciativa propia y cumplen horarios de trabajo de ocho horas.
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