China

El gobierno de China, indignado con Estados Unidos, imputó ayer por primera vez directamente al presidente George W. Bush el posible deterioro de las relaciones bilaterales, acusándolo de traicionar los compromisos asumidos con Pekín y de haberse introducido en un camino peligroso.

Pero la reacción china por el momento se limita a las protestas verbales, dejando la puerta abierta a la reanudación del diálogo.

El miércoles, Bush dijo que Estados Unidos está dispuesto a defender a Taiwan «cueste lo que cueste» –afirmaciones nunca explicitadas en los últimos veinte años–, pero también exhortó a la isla a no proclamar la independencia.

Estas últimas palabras dieron una nueva dimensión a la ira de Pekín, según la cual la isla donde, en 1949, se refugió el gobierno nacionalista derrotado por los comunistas en la guerra civil, es una región rebelde destinada a la reunificación.

El gobierno de Taiwan, en la otra orilla del estrecho de 200 kilómetros de largo, en el Mar de la China meridional, reaccionó con cautela, sospechando que era utilizado en la disputa entre Washington y Pekín, por al avión espía norteamericano aún en mano de los chinos, después de la colisión en vuelo del 1º de abril.

«No juzgamos la política norteamericana por una frase», comentó un portavoz de Taipei. El momento es «muy delicado y complejo» por el estado de las relaciones entre Estados Unidos y China. Además las palabras de Bush constituyen «un grave error» e «insisten en un camino peligroso», dijo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino Zhang Qiyue. La portavoz además exhortó a Washington a renunciar a la venta de armas a Taiwan.

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