Los estadounidenses le tienen confianza

Los 100 días de Bush

Si su predecesor Franklin Delano Roosevelt había logrado en los años 30 devolver la confianza en apenas 100 días a un Estados Unidos inmerso en la mayor depresión, George W. Bush supo, en el mismo período, por lo menos convencer al país de que tenga más confianza en su presidente.

Fue una empresa de menor alcance, pero igualmente notable, considerando las circunstancias insólitas de su victoria (con minoría de votos populares), la división del país provocada por el largo recuento de votos en Florida y la situación explosiva en el Senado, donde la mala salud de un senador podría modificar la mayoría.

Bush fue claramente ayudado, como siempre, por las expectativas limitadas que genera su persona, pero se trata de una constante en su caso, porque su rendimiento es siempre superior a las bajas expectativas.

En estos primeros 100 días el hombre, convencido de que en México se habla el mexicano (un paso adelante respecto de Dan Quayle que creía que en América Latina se hablaba latín), no cometió graves errores, no fue protagonista de «gaffes» clamorosas, no hizo en definitiva que la gente se arrepintiera de haberlo votado.

Y los adversarios, dispuestos a dispararle al primer paso en falso, se quedaron con el dedo en el gatillo sin saber a quién apuntar. Por cierto, su estilo minimalista, después de ocho años de dramas clintonianos, sorprendió.

Bush delega poderes, sus apariciones son medidas y sus declaraciones sintéticas. El presidente llevó un modelo de conducción a la Casa Blanca que representó una revolución copernicana después de los años de «caos controlado» de su predecesor. El primer hecho que impactó en los medios de comunicación fue que los «eventos» de la Casa Blanca comienzan a la hora establecida. El nuevo estilo recibió el bautismo de fuego con la crisis del avión espía y de los 24 tripulantes norteamericanos retenidos por China.

Bush permaneció a la sombra dejando la gestión de la crisis a Colin Powell y al Departamento de Estado. Cuando la crisis se resolvió y los tripulantes volvieron a casa, Bush con una decisión que sorprendió a todos no fue a recibirlos y prefirió quedarse en su casa de campo.

La política exterior, que parecía su talón de Aquiles, dio hasta ahora a Bush las mayores satisfacciones. Su debut internacional en la Cumbre de las América fue un éxito.

Los norteamericanos, en las mil y una encuestas que se hicieron en estos 100 días, suspiraron aliviados: dos norteamericanos de cada tres aprueban lo operado. La mayor cantidad de votos es para la política exterior de Bush, con el 62 por ciento de la aprobación de los norteamericanos, a los que también les gusta la política sobre enseñanza (60 por ciento). Un desastre en cambio es la filosofía antiambiente del ex petrolero texano: la marcha atrás en relación con los acuerdos de Kioto, que provocó una avalancha de protestas.

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