La Guernica de hoy

Al igual que Pablo Picasso, Luis Iriondo se sintió tan agraviado por la total destrucción de la localidad vizcaína de Guernica durante la Guerra Civil que sintió la necesidad de plasmar esos sentimientos en un lienzo.

A diferencia de Picasso, que tuvo que remitirse a despachos de noticias y a su propia imaginación para crear el «Guernica» –su escalofriante obra maestra sobre los horrores de la guerra–, Iriondo vivió el bombardeo. Incluso ahora que tiene 78 años, las imágenes de la pesadilla continúan grabadas en su memoria.

Iriondo recuerda que era día de mercado y que las calles de la pequeña localidad medieval que fue capital del País Vasco estaban llenas de ganaderos, campesinos y refugiados de guerra.

La campana de la iglesia advirtió de que se aproximaban aviones, pero pocos fueron los que buscaron refugio. Habían escuchado los mismos avisos antes y la localidad de 7.000 habitantes nunca había sido bombardeada.

Lo que ocurrió después, en aquella tarde soleada del 26 de abril de 1937, transformaría Guernica en un símbolo de una feroz nueva forma de guerra y ayudó a plantar las semillas del actual conflicto vasco.

A las 4:40 de la tarde, los primeros aviones alemanes se lanzaron en picada sobre la plaza del mercado. Eran la elite de la Legión Cóndor, la contribución de Hitler a los militares rebeldes fascistas que se sublevaron contra la República.

Una y otra vez, asolaron Guernica con bombas incendiarias y metralla. Los civiles que intentaron huir fueron acribillados con armas de gran calibre.

Iriondo, que entonces era un chico de los recados de 14 años, se ocultó en un refugio improvisado. Cuando salió tambaleándose de su escondrijo, encontró Guernica en ruinas y ardiendo. Cientos de personas yacían muertas, junto a los cadáveres de ovejas, vacas y bueyes.

«Todo estaba en llamas. La gente corría, gritando. Pensé de pronto que ese debía ser el aspecto del infierno», dijo.

Años después, cuando Iriondo ya había superado los 50 años, comenzó a pintar y produjo una serie de obras que se han expuesto en España, Alemania y otros lugares.

Su obra más conocida, titulada «El Cristo de Guernica», es un espeluznante retrato de un joven crucificado en las vigas de una casa destruida.

«La pintura de Picasso es la obra de un genio», dijo Iriondo. «Pero él vivía en París. Yo estaba aquí».

El bombardeo de Guernica supuso el primer ataque aéreo a gran escala contra civiles en Europa, un ensayo general de los «blitzkrieg» nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El general Francisco Franco culpó entonces a los vascos y les acusó de haber dinamitado su propia ciudad, pero todas las pruebas apuntaban al bando franquista.

Crisis de identidad vasca

Todos los años en abril, Guernica honra a sus muertos con una serie de melancólicos homenajes. Las ceremonias de este año coinciden con la campaña para las elecciones vascas del próximo 13 de mayo, dominadas por el amargo debate sobre la identidad nacional.

Ensombreciendo la batalla política se ciernen los atentados de ETA.

El conflicto ha alcanzado todos los rincones del País Vasco. Ni siquiera Guernica, que aún conserva las cicatrices de su trágico pasado, se ha salvado. Los políticos que están en la lista de objetivos de ETA no pueden pasear por el centro de la localidad sin guardaespaldas.

Muchos vascos siguen responsabilizando a Franco de la violencia que plaga su tierra, una generación después de la muerte del dictador.

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