La asamblea peronista para proteger a Menem
En un breve documento, cerca de medio millar de dirigentes pidieron que «la Justicia no se politice y que la política no se judicialice», rechazando que Menem, elegido dos veces como presidente constitucional de los argentinos, pueda ser considerado jefe de un grupo delictivo. Además acusaron al fiscal Stornelli de basarse en presunciones y no en hechos, asunto que debe dilucidarse en los tribunales: el expediente, según el fiscal, contiene pruebas suficientes, y es el juez del caso, Jorge Urso, quien deberá decidir.
Además del cargo de jefe de una asociación ilícita, Menem está acusado por el fiscal por «falsedad ideológica», habida cuenta que los decretos autorizando la venta de armas, señalan como destinos a Panamá y Venezuela, cuando fueron enviados a Croacia y Ecuador con aparente conocimiento del ex presidente, al menos en el caso de los Balcanes. No está descartado que el juez se aferre a este segundo cargo, que pondría al ex presidente en el proceso pero sin tener que aguardar el juicio oral en prisión o encerrado en su casa, ya que tiene cerca de 71 años.
El mitin, o asamblea, como fue calificada, se realizó en el salón Azul del Parlamento y tuvo como objetivo mostrar solidaridad con Menem, pero también enviar una señal al juez. También al gobierno: el documento promete seguir contribuyendo a la gobernabilidad del país, dejando de lado las primeras reacciones de dirigentes menemistas de que impedirían el funcionamiento del Parlamento, particularmente del Senado Nacional, donde ejercen la mayoría.
¿Una conjura?
El peronismo piensa que hay una conjura contra ese movimiento cuya historia exhibe a su fundador, Juan Perón, tres veces en la presidencia, y su viuda, María Estela «Isabel», quitados del poder por golpes de Estado y con largos tiempos de proscripción, persecuciones, exilios y miles de desaparecidos durante la última dictadura militar.
Pero al liderazgo peronista legislativo que motorizó la asamblea, le cuesta señalar desde dónde proviene el complot contra Menem, ya que es notorio que el gobierno tiene profunda preocupación por un proceso contra quien fue dos veces presidente. Pero, como lo destacó ayer la combativa diputada Elisa Carrió, esto ha ocurrido en Perú, Brasil, y en cierto modo en México con Carlos Salinas de Gortari y acaba de suceder en Filipinas.
¿Se ha cohesionado el justicialismo detrás de un jefe? Decir que sí es temerario: son profundas las diferencias internas. Por eso se ha dicho por ahí, parafraseando a Jorge Luis Borges, que no los une el amor sino el espanto. Casi todos los ex ministros de Menem tienen cuentas pendientes en los juzgados y algunos de ellos están detenidos esperando el proceso legal.
Stornelli no acuñó el cargo de «asociación ilícita» que debió estar integrada para llevar a cabo una operación ilegal. Es una definición que dio la muy prestigiosa Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones que ordenó además al juez y al fiscal, investigar más arriba que al ex jefe de Fabricaciones Militares, Luis Sarlenga, que antes del dramático giro de los acontecimientos, estaba sindicado como el principal organizador del fraude.
En busca del jefe
Pero Sarlenga «se quebró», abrió la boca y la ventana del pasado, e implicó al cuñado de Menem, Emir Yoma. El juez Urso le dictó la prisión preventiva como «organizador»: por lo tanto, debe buscar a su jefe. Si es Menem o no, lo dirán las pruebas, no las manifestaciones políticas.
Además, existen sospechas de que la voladura de la filial de Fabricaciones Militares de Río Tercero, en la provincia de Córdoba, pudo haber sido adrede, para borrar las pistas de este ilícito, tema que viene con más fuerza de lo que habitualmente se sospecha.
Menem hizo saber de su satisfacción por la exhibición de fuerza de la cual no participaron el ex gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, que sigue creyendo que perdió las elecciones frente a Fernando de la Rúa porque fue saboteada su campaña por el ex presidente. Tampoco estuvo en el acto el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, antiguo enemigo del menemismo, y pocos legisladores. Sí cantaron presente los gobernadores con ínfulas presidenciales, especialmente el bonaerense Carlos Ruckauf. Pero ninguno de ellos hipotecará su destino a la suerte judicial de Menem: abren el paraguas, presionan, pero aconsejan al ex presidente que le diga al juez que la venta de armas a Croacia fue una decisión política acordada con EEUU.
Que de las coimas y de la venta de armas a Ecuador, se hagan cargo otros. Esos «otros», algunos ex ministros, como Antonio Erman González se niega a ser el «pato de la boda». Incluso se dice que le han propuesto a González y también al general Martín Balza que buscaran refugio en el extranjero. Una radio fue más lejos: comentó que en Ginebra circuló el rumor de que Menem buscaba asilo en algún país. Pero la especie se derrumbó rápidamente.
La vuelta del Frepaso
Mientras en el peronismo buscan una solución para Menem, De la Rúa designó como nuevo ministro de Desarrollo Social y Medio Ambiente al dirigente del Frepaso, Juan Carlos Cafiero, con lo que el socio de los radicales en la Alianza retorna al gobierno del que se fue cuando se intentó, por medio del fugaz ministro de Economía, Ricardo López Murphy, implementar un ajuste rabioso. Luego fue reemplazado por Domingo Cavallo, cuya gestión no disgusta por ahora al Frepaso. La vida dirá por cuánto tiempo.
Con la destitución de Pedro Pou como titular del Banco Central y su reemplazo por Roque Maccarone, se dirimió una controversia que ahora trae mayor tranquilidad a los mercados, que aguardan anuncios de reducción de gastos por parte de Cavallo y la firma de un nuevo acuerdo con el FMI.
Cavallo estará el domingo en Washington en la asamblea anual del Fondo y del Banco Mundial y dirá que piensa no devaluar, pagar la deuda externa, conseguir ajuste de cuentas y crecer. Veremos.
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