Militar chileno pidió perdón por asesinar a dirigente sindical

Un militar chileno pidió perdón públicamente al hijo de un dirigente sindical que asesinó en 1982 –«simplemente por pensar distinto», como admitió–, en un dramático testimonio que fue emitido por la red estatal de televisión. El mayor del ejército en retiro Carlos Herrera, actualmente encarcelado, se enfrentó el miércoles a la noche cara a cara con el hijo de su víctima, Tucapel Jiménez, asesinado en febrero de 1982, en plena dictadura de Augusto Pinochet (1973-90).

«Es cierto señor Jiménez, fatalmente yo maté a su papá aquel 25 de febrero de 1982. Lo hice no por una cuestión personal, no por propia iniciativa. Se me ordenó hacerlo y se me dijo que don Tucapel Jiménez era un traidor a la Patria y que, como tal, causaba mucho daño a los chilenos», intentó justificarse el militar.

Tucapel Jiménez hijo, presente en los estudios de la red de televisión, escuchó conmocionado el pedido de perdón pero sólo atinó a responder que eso «está en manos de Dios». Herrera está enfermo de cáncer y cumple condena perpetua en la cárcel de Punta de Peuco, en Colina, 20 kilómetros al norte de Santiago.

El militar fue condenado por el crimen de un carpintero que se cometió para ocultar el asesinato de Jiménez.

También fue condenado por su participación en el homicidio de un transportista opositor al régimen de Pinochet perpetrado en La Serena, 400 kilómetros al norte de Santiago, y espera sentencia definitiva en el caso Jiménez. Su testimonio fue clave para que otros militares, dos en servicio activo, sean sometidos a proceso por el secuestro y asesinato de Jiménez. Esta semana el juez Sergio Muñoz, a cargo de la causa, cerró el sumario y el caso ingresó en la etapa de formulación de la sentencia, pero el dictamen definitivo –tras las apelaciones eventuales– se conocerá recién a fin de año. Entre los procesados se cuentan el actual subdirector de Inteligencia del Ejército (DINE), coronel Fernán González; el coronel Enrique Ibarra; el coronel (r) Maximiliano Ferrer, el brigadier (r) Roberto Schmied y el coronel (r) Hugo Julio. «Lamentablemente para Chile, muy especialmente para su familia y por qué no decirlo también para mi familia, cumplí aquella orden en la forma, tiempo y modo como se me ordenó», dijo Herrera en su testimonio por televisión. «Por largo tiempo me sentí orgulloso de haber prestado semejante servicio a la Patria. Con el paso del tiempo y los 13 años de prisión que tengo en el cuerpo, comprendí que aquello fue un desgraciado, torpe e irracional homicidio que no tiene ninguna justificación», añadió el ex militar y agente de la CNI, la policía secreta.

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