MONDO CANE
Con su amplia oferta de prostíbulos, La Junquera, localidad española fronteriza con Francia, atrae cada día a multitud de franceses en busca de sexo barato, lo que ha provocado la ira del alcalde, que quiere limpiar la imagen del pueblo.
Los prostíbulos, autorizados en España, «dan una mala imagen de la ciudad, se dice que es el burdel de Europa», lamenta el patrón de un bar, que prefiere guardar el anonimato.
La gota que colmó el vaso fue la apertura en octubre de un nuevo «puticlub», como se les conoce en España, capaz de recibir hasta 600 clientes. El alcalde de esta localidad de 3.000 habitantes situada en la autovía Perpiñán-Barcelona, Jordi Cabezas, intentó durante cuatro años impedir la construcción del prostíbulo. En vano, porque la justicia acabó autorizándola, y además en el corazón de la localidad, a pocos metros de un concurrido supermercado. Más alejado del pueblo, el Dallas es uno de los mayores burdeles de la zona. Nico, el gerente, no quiere hablar de «prostíbulo», y prefiere decir «hotel para mujeres». Las prostitutas, latinoamericanas, rusas, búlgaras y rumanas, alquilan las habitaciones a 80 euros por noche. «El proxenetismo está prohibido en España. No recibo comisiones, las chicas son independientes», asegura Nico que, eso sí, cobra derechos de entrada y vende las consumiciones a un precio más elevado. Según él, unos 500 clientes pasan cada noche por el Dallas. En torno a la barra, un centenar de chicas jóvenes en tanga y con tacones de 15 cm, se dirigen a los clientes directamente en francés, con un «Bonjour, ça va ?» acompañado de caricias en el cuello. Y es que el 90% de los clientes viene del país vecino. «En mi barrio, todo el mundo conoce el Dallas», explica Mohamed, de 18 años, procedente de Béziers, una localidad situada al norte de Perpiñán. «En Francia se hace en la calle, es muy sucio. Aquí nos dan un kit con una sábana de uso único, un preservativo, jabón y champú para la ducha», cuenta el joven.
La ministra georgiana de Economía, Vera Kobalia, se vio obligada ayer a explicarse por una foto en la que posa de manera sugestiva sobre la barra de un bar junto a otras cuatro mujeres, lo que suscitó polémica tras su reciente nombramiento, a los 28 años, por el presidente Mijail Saakashvili. La fotografía, obtenida en la red de socialización Facebook, la muestra sobre la barra de un bar que no fue identificado con un vestido sugestivamente corto y zapatos con tacos aguja junto a cuatro mujeres. La prensa georgiana y rusa, que publicó la foto esta semana, afirmó que el presidente Saakashvili conoció a Vera Kobalia, ciudadana georgiana y canadiense, en una discoteca durante los últimos Juegos Olímpicos de invierno en Vancouver (oeste de Canadá). La portavoz de la ministra, Tea Gabounia, subrayó ayer que la foto fue tomada hace diez años en Estados Unidos cuando Kobalia era estudiante. «Kobalia no ve en dónde está el problema con esta foto. Dijo estar contenta de que se trate del único archivo que la compromete que se haya encontrado», continuó Gabounia en declaraciones a la AFP. La oposición georgiana acusó en varias ocasiones al presidente Saakashvili de proceder a nombramientos irreflexivos y denunció la falta de experiencia de la nueva ministra. Refugiada de la región separatista georgiana de Abjasia, Vera Kobalia creció en Canadá y regresó a Georgia hace seis meses para dirigir una organización caritativa. Según su biografía oficial trabajó en el pasado como productora de televisión y dirigió una empresa en Canadá. David Gamkrelidze, líder del partido de oposición Nuevos Derechos, estimó que su nombramiento era «una de las decisiones más ridículas de Saakashvili». Mijail Saakashvili, que llegó al poder a los 36 años de edad luego de un levantamiento popular bautizado Revolución Rosa en 2003, defiende el nombramiento de jóvenes responsables para romper con el pasado soviétivo de Georgia e inyectar energía e ideas nuevas al gobierno.
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