Sensibilidad social. La elevación de la autoestima del pueblo brasileño

El llanto de Lula

La segunda, cuando al hablar los logros económicos de su gobierno recordó que el estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (Bndes) había concedido un préstamo por 200 millones de reales a una cooperativa de recolectores de papel y cartón.

Son expresiones de sensibilidad social por parte de un presidente que se acerca al final de su segundo mandato con más de 80% de popularidad, que encabezó una formidable obra de mejora de la situación social en Brasil y de afirmación de su papel internacional, pero que él prefiere sintetizar en la elevación de la autoestima y el sentimiento de dignidad personal de decenas de millones de brasileños.

Los programas Bolsa Familia, Hambre Cero y Luz para Todos, sus extensiones en el actual Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), la creación de millones de puestos de trabajo, el aumento sustancial del salario mínimo, la expansión del crédito, las obras de infraestructura que están cambiando la fisonomía de regiones tradicionalmente postergadas y favorecen la integración regional, los avances en todas las esferas de la educación y en la atención a la salud, una política de desarrollo económico que permitió sortear las consecuencias de una crisis mundial devastadora y recuperar la senda del crecimiento sostenido, entre otros logros, han merecido reconocimiento general, dentro y fuera de fronteras. La democracia en el ejercicio del gobierno ha sido elevada a una categoría superior, en extensión y profundidad, y se une al despliegue de formas de democracia participativa en gobiernos locales bajo la dirección del PT y sus aliados.

Un episodio reciente muestra todos estos factores en acción. Lula inauguró, junto al ministro de Salud José Gomes Temporão y el gobernador de Ceará Cid Gomes, del PSB, el primer banco de sangre del cordón umbilical y placentario, en la capital del estado, Fortaleza, experiencia que será reeditada en Manaus, São Luis, Curitiba y otras capitales estaduales. Lula expresó que con estos emprendimientos, «destinados a salvar vidas», según la directora del Hemocentro, «el país está siendo más igualitario, más justo» y «la población mantiene una autoestima elevada» (su idea fija), por lo cual el Brasil vive «un momento un tanto mágico». Amplió estos conceptos aludiendo a la concesión de microcréditos por parte del BNB, al aumento apreciable del PBI, a la importancia de que las clases C y D del nordeste tuvieran un aumento del consumo, lo que contribuyó a soslayar la crisis, y aseguró para antes del término de su mandato la inauguración de 500 Unidades de Pronta Atención (UPAs) sanitaria y la entrega de 500 ambulancias para programas de salud bucal en el interior del país.

Rompe los ojos la proyección internacional de Brasil bajo los dos mandatos de Lula. Su participación en el G-20 y en el propio G-8, en los debates de la OMC, sus alianzas con Rusia, China y la India (BRIC), y también con Sudáfrica, de algún modo representan los intereses comunes de los países emergentes en el ámbito mundial. Se justifica plenamente su reclamo de una modificación del Consejo de Seguridad de la ONU que lo incluya como miembro permanente. Ha gravitado en la escena internacional su iniciativa conjunta con Turquía e Irán para abrir un cauce de solución negociada al problema del desarrollo nuclear de Irán y alejar la perspectiva de una guerra nuclear. Ahora está enviando una ayuda apreciable para la reconstrucción de Gaza. Brasil ha multiplicado los lazos de ayuda y solidaridad con Africa, escenario de la última gira del presidente, para pagar en parte la deuda histórica de América con el continente negro. En América Latina, además de ser un pilar en la construcción de los todos los organismos de unidad, desde Unasur (con el Consejo Interamericano de Defensa) a la CELAC, Brasil desempeñó un papel de primer plano ante el golpe de Estado en Honduras (donde su embajada sirvió de refugio al presidente Zelaya) y ahora adelanta su mediación, conjuntamente con Néstor Kirchner y Rafael Correa, ante la ruptura de relaciones de Venezuela con Colombia.

Las relaciones con Brasil son de interés vital para nuestro país. Tenemos una agenda múltiple funcionando a pleno, en los marcos del Mercosur. Brasil es el principal destino de nuestras exportaciones. Éstas crecieron en 2009 a pesar de la crisis, mientras cayeron con los demás integrantes del bloque; y volvieron a crecer en el primer cuatrimestre de este año, lo que se acompasó auspiciosamente con un incremento en relación con Argentina y Paraguay. El tema ingresó de lleno en la campaña electoral brasileña. El candidato opositor José Serra, del PMDB, dijo que se debía retrotraer al Mercosur a una zona de libre comercio.

Con toda razón el vicecanciller uruguayo Roberto Conde le salió al cruce, señalando que ello implicaría «un retroceso histórico», porque para Uruguay el Mercosur es «una construcción geopolítica, fundamental para nuestros planes de desarrollo»; y por ende «cambiar esa arquitectura económica e institucional que estamos construyendo afecta directamente el futuro y los intereses de Uruguay».

Con sólida argumentación Conde destacó el papel del Mercosur en las negociaciones en curso con otros bloques y países, y llamó a una movilización de los sectores políticos y sociales en su defensa.

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