OPINION INTERNACIONAL

LA VIDA DE LUCHO CORVALAN

Una multitud lo despidió en el Salón Rojo del ex Congreso Nacional en Santiago y sin duda acompañará sus restos el sábado 24 hasta el Cementerio General.

Nacido en Puerto Montt el 14 de setiembre de 1916, Luis Corvalán estudió en el liceo de Tomé y la Escuela Normal de Chillán, se graduó de profesor normalista en 1934, ejerció el periodismo en los diarios Frente Popular y El Siglo e ingresó al PCCH en 1932. Miembro del Comité Central desde 1950 (tras su pasaje por Pisagua), fue electo secretario general en 1958, cargo que ejerció en condiciones diversas hasta 1990. En el período de gestación de la Unidad Popular, fue senador por la VIIª agrupación provincial (Ñuble, Concepción y Arauco) desde 1961 a 1969, y por la IIIª (Aconcagua y Valparaíso) desde la última fecha en adelante, cortada por el golpe de Estado. Fue deportado a la isla de Dawson y al campo de concentración de Ritoque. En 1976, ante la presión internacional, la dictadura de Pinochet optó por liberarlo y canjearlo por el disidente soviético Vladimir Bukovsky, lo que se efectuó en Zurich el 18 de diciembre de ese año. Después de un período de asilo en la URSS, regresó a Chile para sumarse a la lucha por la recuperación democrática. Estuvo muy activo hasta hace unas semanas, participando en las plenarias del CC, y en la última celebración del aniversario de su partido, el 6 de junio, recibió la máxima distinción, la medalla «Luis Emilio Recabarren».

Pero estos datos escuetos no reflejan la dimensión y la riqueza del aporte de Corvalán a lo largo de su vida en la forja de la unidad del pueblo chileno y de todas sus fuerzas de izquierda sin exclusiones, y en particular en la creación de la Unidad Popular y en la ulterior victoria electoral de Allende. En ese objetivo empeñó todos sus esfuerzos el partido que él conducía, contribuyendo decisivamente a dicho logro. Para ello fue necesario apartar muchos obstáculos del camino, lo que se hizo con un inclaudicable y aguzado sentimiento unitario. Recuerdo en particular el Congreso efectuado por el PCCH en 1969, bajo la dirección de Corvalán, en que volcó su invalorable iniciativa para consagrar la candidatura de Allende, renunciando a una postulación propia. Este esfuerzo, y el de todas las fuerzas de izquierda, llevó a la victoria de Allende, derrotando a Alessandri y a Radomiro Tomic. Yo estuve en la jornada jubilosa del triunfo, y la trasmití a Montevideo, cuando Allende habló desde la sede de la Federación de Estudiantes, sobre la Alameda. En el complejo período de transición, erizado de peligros (tancazo, asesinato del general Schneider) hasta que finalmente Allende fue consagrado presidente por el Congreso Pleno, Corvalán vino a Montevideo y participó junto con Rodney Arismendi en un recordado acto en el Cine Astor (con entrada por Agraciada y por Yatay) en que expuso la experiencia de la Unidad Popular, lo cual influyó favorablemente en la creación del Frente Amplio unos meses después, el 5 de febrero 1971 .

En aquella campaña electoral, me tocó realizar buena parte de la gira con Corvalán (y también con Volodia Teitelboim). Recuerdo el acto en Valparaíso, en que Neruda recitó sus versos frente a una multitud silenciosa. En Viña del Mar, Corvalán me invitó a almorzar a su apartamento, y en el camino pasamos por el puerto a conseguir unos pescados. Eligió algunos, pero los pescadores se los querían regalar, en señal de amistad, y él no lo aceptaba de ninguna manera. Al final me los dieron a mí, y yo se los entregué a su esposa, una afable mujer campesina que los sirvió con un vinito blanco.

Corvalán con su partido brindaron un considerable apoyo a lo que Allende definió en su primer discurso ante el Congreso Pleno como la vía chilena hacia el socialismo, visualizada por los clásicos del marxismo-leninismo pero nunca antes intentada y que no pasaba por la guerra civil.

Ese discurso quedó en la historia, y a pesar de lo que sucedió después, sigue siendo un elemento sustancial en el debate sobre democracia y socialismo, y las vías de transición.

No puedo olvidar que ahora mismo la iglesia está promoviendo en Chile el indulto a los militares pinochetistas que cometieron crímenes atroces en profusión. ¿Se atreverá Piñera a semejante barbaridad?

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