OPINION INTERNACIONAL

La carta de Fidel a Mandela

«Viejo y prestigioso amigo, cuánto me place verte convertido y reconocido por todas las instituciones políticas del mundo como símbolo de la libertad, la justicia y la dignidad humana», comienza diciendo el mensaje, y prosigue: «Te convirtieron en trabajador forzado en las canteras, como hicieron con Martí cuando tenía 17 años. Sólo estuve en la prisión política menos de dos años, pero fue tiempo suficiente para comprender lo que significan 27 en las soledades de una prisión, separado de familiares y amigos».

Después viene la invocación a la lucha común, que estuvo signada por la solidaridad combativa de los internacionalistas cubanos que vertieron su sangre en la gran batalla por la emancipación de los pueblos del sur y suroeste de Africa, englobando a Sudáfrica, Namibia y Angola. Escribe Fidel Castro: «En los años finales de tu martirio, tu Patria, bajo la tiranía del Apartheid, fue convertida después de la batalla de Cuito Cuanavale en instrumento de guerra contra los combatientes internacionalistas cubanos y angolanos que avanzaban sobre la ocupada Namibia. Nadie podía ocultarte las noticias de la solidaridad que el pueblo, bajo tu guía, despertaba entre todas las personas honestas de la tierra». Hay espacio también para recordar cuando Mandela visitó y se solidarizó con Cuba, antes de ser electo presidente de Sudáfrica (en 1994) por la libre voluntad de su pueblo, en las primeras elecciones multiétnicas.

Después viene un párrafo que todas las invocadas personas honestas de la tierra deben meditar seriamente. Dice así: «Entonces, como hoy, el enemigo estaba a punto de dar un zarpazo nuclear contra las tropas que, en este caso, avanzaban contra el sistema odioso del Apartheid. Nunca nadie fue capaz de explicarte de dónde salieron y cuándo se llevaron aquellos instrumentos de muerte». Es evidente la alusión a la venta de las armas nucleares de diverso tipo y calibre que el gobierno de Israel de la época negoció con el régimen sudafricano, con el propósito de este de volcarlas en la contienda para definir su suerte. Se reprodujo así el clima de la crisis de los misiles entre Cuba y EEUU en octubre de 1962, que mantuvo en vilo al mundo, aunque a su término se salvó la paz mundial y el régimen socialista cubano prosiguió su marcha.

Por ese párrafo se ingresa de lleno al punto más candente de la actual situación internacional, que viene motivando la preocupación sistemática del líder cubano y centra sucesivas Reflexiones de su pluma. Escribe en la carta: «Hoy la humanidad está amenazada por el mayor riesgo en toda la historia de nuestra especie». Le aconseja ejercer «toda tu inmensa fuerza moral para mantener a Sudáfrica lejos de las bases militares de Estados Unidos y de la OTAN». En la frase final se invoca la esperanza de poder revertir la crítica situación inoperante: «La humanidad aún puede preservarse de los golpes demoledores de la tragedia nuclear que se aproxima y de la ambiental que ya está presente», destaca el líder cubano.

Desde hace varias semanas, como decíamos, Fidel Castro se viene ocupando primordialmente de esta gravísima amenaza. Detrás de la nueva (cuarta) ronda de sanciones contra Irán, adoptada por la mayoría del Consejo de Seguridad descartando la propuesta pacífica conjunta de Brasil, Turquía e Irán, está latente la amenaza de un ataque a las instalaciones nucleares de Irán, país que no renuncia al uso pacífico de este tipo de energía. Naves de guerra estadounidenses e israelíes dotadas de armamento nuclear avanzan hacia las costas de Irán y se proponen inspeccionar las naves que entren y salgan. Los mandos militares israelíes no ocultan sus intenciones de atacar Irán con las armas nucleares que poseen en profusión, agenciadas por EEUU. Los tambores de guerra resuenan en toda la región, como lo prueban las próximas maniobras militares de EEUU y Corea del Sur, luego de la provocación del hundimiento de la corbeta Cheonan. Es tiempo de alerta.

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