Filósofo e historiador. José Pablo Feinmann, ex militante, admite que "todavía nadie pudo definirlo de manera unívoca"

Peronismo: análisis crítico de violencia política que terminó en una dictadura

Feinmann, autor de una veintena de libros traducidos a varios idiomas, trata de explicar el peronismo desde sus orígenes en la década del 40, sin desdeñar las miradas críticas como la del escritor Jorge Luis Borges y a partir de su propia militancia, como estudiante y docente universitario.

El autor admite desde el inicio que el peronismo «atraviesa la historia argentina desde la mitad del siglo XX» pero que «todavía nadie pudo definirlo de manera unívoca», lo que permite que se declaren peronistas la presidenta Cristina Fernández, el empresario millonario y diputado nacional Francisco De Narváez y el ex mandatario Carlos Menem, entre otros. Feinmann se aproxima a una definición cuando recuerda que a Juan Domingo Perón, al regresar al país de su prolongado exilio y ante la necesidad de «definiciones tajantes» en una Argentina convulsionada, «lo veremos elegir y elegir con saña, gente de lo peor, asesinos profesionales» que luego de su muerte desataron crímenes políticos a través de la organización parapolicial Triple A, anticipo del terrorismo de Estado de la dictadura.

Pero, dice, la organización guerrillera Montoneros, que se ubicaba en la margen izquierda del peronismo, «no le iría a la zaga en agresividad» y «seguramente tuvieron una alta incidencia en el pronto desgaste de la salud del líder» que asumió la tercera presidencia en setiembre de 1973 y falleció el primero de julio del año siguiente.

Perón había alentado las denominadas «formaciones especiales» de la guerrilla peronista y justificado la violencia en «La hora de los hornos», un reportaje fílmico de Fernando «Pino» Solanas y Octavio Getino, desde su exilio en Madrid, que circuló clandestinamente en las universidades y sindicatos porque había sido prohibido por la dictadura.

En ese reportaje, aporta una de sus frases históricas, capaz de atravesar el tiempo y llegar como legado hasta la actualidad: «al amigo todo, al enemigo ni justicia», aunque los jóvenes peronistas que se la festejaron en 1971, año del reportaje, lejos estaban de sospechar que se les volvería en contra apenas tres años después.

«Algunos niegan que Perón haya dicho esa frase. Perón, en efecto, dice la frase fuerte que buscaban Solanas y Getino», subraya Feinmann, apelando al testimonio fílmico.

El autor apunta que la guerrilla de Montoneros ­y también del ERP, izquierda trotskista-­fue cayendo en la «enajenación política» y hubo un «enamoramiento» de la juventud peronista «con la lucha armada» y «admiración con los combatientes», pero el militarismo de la conducción terminó alejándolos del «pueblo» del que se consideraban «vanguardia».

Feinmann, joven militante en su tiempo de universitario, reconoce que la izquierda peronista «no se desvivía por leer los textos de Perón», pues de lo contrario hubiese detectado que su ponencia para el Congreso Internacional de Filosofía celebrado en Argentina a comienzos de la década del 50 se lo había escrito «Nimio de Anquin, un tomista arcaico y conservador» y que su principal influencia fue el filósofo alemán Martín Heidegger, de apoyo público al nazismo en sus inicios.

Grupos de derecha del peronismo como Guardia de Hierro se definían como «peronistas heideggerianos», que aceptaban la violencia como método «en tanto lo aceptara el conductor», pero rechazaban la lucha armada y decenas de sus dirigentes ascenderían a funciones de importancia en el gobierno de Perón.

Feinmann completa el primer tomo de su ensayo con el retorno definitivo de Perón al país el 20 de junio de 1973, que desencadenó una masacre en las cercanías del aeropuerto de Buenos Aires, pues la derecha peronista se apoderó del lugar y emboscó a las columnas de Montoneros y la Juventud Peronista.

Al día siguiente y a través de un mensaje televisivo, Perón «declara inaugurada la etapa dogmática del peronismo» y su opción es a favor de los que hacían de la «patria peronista su bandera, contra los de la patria socialista».

Ese Perón ­apunta Feinmann­ se olvida de los mensajes que le envió a la juventud desde Madrid por la muerte del Che Guevara en Bolivia y desempolva «las muy olvidadas Veinte Verdades Justicialistas» que se habían convertido «en un catecismo de museo».

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