OPINION INTERNACIONAL

AMOR DESDE LEJOS

El diario francófilo libanés «L´Orient le Jour» informó el 7 de julio de un incidente típico. Assem Kanso. Ex jefe del Baath pro-sirio acusó a las Fuerzas Libanesas cristianas de que «si pudieran masacrar hoy a los palestinos, no dudarían en hacerlo para impedir la «implantación».

La «implantación» es un curioso eufemismo utilizado para justificar el rechazo a la nacionalización y el arraigo de los palestinos en el Líbano. Por su parte, las Fuerzas Libanesas contestaron recordando al Sr. Kanso que sus jefes del exterior (presunta alusión a Siria) fueron los primeros en oprimir y dividir a los palestinos, provocando su exilio.

Detrás de esta escaramuza dialéctica, típica en la complicada situación política que vive el Líbano, está el drama de la minoría palestina en ese país. Una crónica en la revista «Time» ( 25.2.09) escrita por Andrew Lee Butlers desde Beirut describe de manera muy elocuente la situación: «La familia Sulhabi se escapó de su hogar dirigiéndose a Beirut en 1948, el año en que se fundó el Estado de Israel. Desde entonces hubo seis guerras y docenas de enfrentamientos violentos en el Líbano, y en múltiples oportunidades la familia Sulhabi quedó entre dos fuegos. La hija de Abdullah, Ahlam, de 59 años, aún sigue sacando esquirlas de heridas que recibió de un fuego de artillería en 1975. La familia sobrevivió a la infame masacre de Shatila de 1982 por un golpe de suerte, escapándose de las milicias libanesas al comienzo de la carnicería.

Cuando regresaron más tarde, la mayoría de sus vecinos estaban muertos y había un cadáver en el living de su casa. Uno de los hermanos de Ahlam fue muerto más tarde por un francotirador mientras se lavaba las manos. Su casa fue destruida cinco veces. Siempre la reconstruyeron porque no tenían ningún otro lugar para ir.»

Más tarde, el articulista explica: «Como los demás 400.000 palestinos en el Líbano, ellos no pueden comprar legalmente una casa o un apartamento y les está prohibido el acceso a unas 70 profesiones. El frágil sistema político libanés, de equilibrio inestable entre musulmanes y cristianos, no ha podido o no ha querido absorber tantos refugiados musulmanes. Por ello, ni Sulhabi, ni sus hijos, ni sus nietos, ni sus bisnietos tienen la ciudadanía libanesa, pese al hecho de que con excepción de su patriarca todos nacieron en suelo libanés. «Mi vida en este país ha sido una desilusión tras otra», dice la hija Ahlam. «No tengo buenos recuerdos».

Un documento de un influyente lobby palestino, la «Coalición contra la deportación de refugiados palestinos», documenta de manera muy clara y detallada la difícil situación de los palestinos en el Líbano. Entre otros conceptos, el documento señala lo siguiente:

Los palestinos en el Líbano enfrentan una sistemática discriminación que pone en peligro su capacidad para vivir una vida sana y segura.

La discriminación contra los palestinos afecta sus derechos de poseer o heredar propiedades y tener derecho al trabajo…»

Más tarde el documento detalla: «Los palestinos enfrentan severas restricciones en su acceso al trabajo y a oportunidades para ganarse la vida trabajando. Los refugiados palestinos están excluidos por ley de profesiones como la abogacía, la medicina, la farmacia y el periodismo, que requieren tener la ciudadanía libanesa o recibir un tratamiento recíproco al que tienen los libaneses en el país de origen de los extranjeros que deseen practicar esas profesiones.

Las leyes libanesas (resolución 621/1, decreto 6812 de 1995 y decreto 17651 de 1964) prohíben a extranjeros trabajar en unas 70 profesiones en el Líbano. Sólo un 1% de los palestinos en el Líbano logra obtener un permiso de trabajo regular.

La mayoría de los palestinos se ven obligados a trabajar ilegalmente o en actividades mal pagas o en el pequeño comercio en los campos. El ingreso individual ( U$S 44) es poco más de la cuarta parte del salario mínimo libanés (U$S 161).

La Unrwa ha calculado que el 60% de los palestinos en el Líbano vive por debajo de la línea de pobreza. Otros estudios señalan que la proporción ha crecido a un 80% con un 56% viviendo en la pobreza extrema.

Para cualquier observador neutral constituye un enigma por qué tantos políticos libaneses se identifican con la hostilidad contra Israel por solidaridad con la causa palestina, pero no están dispuestos a mover un dedo para mejorar la situación de los palestinos en su propio país.

Un dilema similar se plantea en relación a Egipto. Entre 1948 y 1967, Egipto dominó la Franja de Gaza y desde que Israel la abandonó voluntariamente en 2005 tiene una frontera directa con este territorio. Sin embargo, ni en el lapso anterior ni en el actual, a Egipto se le ocurrió abrir sus fronteras a los hermanos palestinos.

Sin duda, hay algo bastante problemático en este amor desde lejos de los árabes y los musulmanes a sus hermanos palestinos.

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