LA ESPIA RUSA
Uno de los objetivos específicos, en este caso, es silenciar su voz. Un promotor de la campaña solidaria señala que «nuestra querida compatriota latinoamericana Vicky Peláez es injustamente acusada por los macartistas norteamericanos que se preparan a invadir Irán y atacan a Venezuela», y otro agrega: «Estamos frente a una campaña de amedrentamiento contra la libertad de expresión, arrojada con saña contra una periodista que cumple su tarea con la dignidad de quien no se somete al dinero para expresar sus ideas». Se ha recordado que uno de sus últimas columnas, publicada el 23 de marzo pasado bajo el título «América Latina debe estar alerta» se refería específicamente a la trayectoria de Otto Reich (que en esos días comparecía a una audiencia en el Congreso de EEUU sobre la política de su país hacia América Latina) y detallaba sus andanzas como uno de los principales involucrados en el escándalo Irán-contras, sus vínculos con el terrorista Orlando Bosch y su prédica furibunda contra la Venezuela de Chávez. Podría tratarse, en este caso, de una venganza. Tuvimos ocasión de leer uno de sus recientes artículos (que la red Nicaragua Socialista resolvió volver a publicar), del 22 de junio, una bellísima página literaria referida a la muerte de José Saramago y de Carlos Monsiváis, partiendo de un viaje a Chiapas que ambos escritores efectuaron en marzo de 1998. Otro de sus artículos marca a fuego a los responsables del derrame del petróleo de BP en el Golfo de México.
El FBI irrumpió en la noche del domingo 27 de junio en el domicilio de Vicky Peláez en Yonkers, suburbio al norte de Nueva York, cuando regresaba de una fiesta junto a su marido Juan Lázaro, un peruano de origen uruguayo. Ambos fueron detenidos, los bajaron del auto y fueron introducidos en dos vehículos. «Eran como 30 personas rebuscando en la casa», declaró el hijo menor del matrimonio. Los agentes del FBI se llevaron las computadoras de la periodista e interrogaron al hijo sobre las finanzas y las afinidades políticas de sus padres. El jefe de redacción de El Diario/La Prensa, Manuel Avendaño, declaró que Vicky Peláez «es una columnista muy controversial del periódico en español más importante de los Estados Unidos» y el más leído en la Gran Manzana.
Ella dejó hace más de veinte años su país natal, donde comenzó a hacerse conocer desde 1980 como reportera de la cadena televisiva Frecuencia Latina. Su nombre recorrió el mundo a raíz de un reportaje efectuado en 1985 en la clandestinidad al recién formado Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que fue difundido por Frecuencia Latina como una primicia. Una versión de estos hechos indica que sobre finales del segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry (el mismo que en su primer gobierno había sido desplazado por el alzamiento dirigido por el general Juan Velasco Alvarado), Vicky Peláez fue secuestrada por un comando del MRTA y el precio para su liberación consistió en que Canal 2 difundiera el reportaje íntegro a sus voceros para la teleaudiencia a nivel nacional. El MRTA anunciaba el inicio de su campaña con la recuperación de la espada y la bandera original de San Martín. Portando moderno armamento de guerra, los encapuchados rodeaban a Vicky Peláez y exponían sus objetivos. Los propietarios del canal no creyeron esa versión y despidieron a la reportera, que posteriormente se exilió en EEUU, donde estaba desplegando una intensa labor con las características señaladas, ampliamente reproducida en varios países de la América Latina y caribeña.
Este hecho ha desatado una campaña internacional de solidaridad, a la que queremos sumarnos. En uno de los escritos al respecto se dice con razón que «este teatro ha sido montado por los servicios de inteligencia norteamericanos, la CIA y el FBI, para acallar una de las voces más críticas de la prensa escrita en Nueva York, en un montaje reciclado de la guerra fría y de los tribunales macartistas». Tengo entendido que en las últimas horas un juez decretó su libertad bajo fianza, pero a un monto exorbitante en dólares.
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