TURQUIA, EL PORQUE DE UN VIRAJE
El primer ministro Erdogan, despechado por la Unión Europea, que dio largas interminablemente a la solicitud turca de adhesión, habría decidido vengarse con Israel. Otras opiniones, no menos fantasiosas, se refieren a un presunto desengaño de Ankara con el gobierno de Jerusalén, cuya conducta con los pobres palestinos habría herido sus sensibles fibras morales.
Lo cierto es que el gobierno turco actual de Turquía siempre fue islamista y tuvo una clara aversión hacia Israel, Europa y Occidente. Si no lo proclamó antes fue por razones tácticas. No era lo suficientemente fuerte para enfrentar a los sectores laicos y al Ejército turco, que siempre se consideró el guardián de la herencia modernizante, pro europea y anti islamista de Kemal Ataturk.
El Dr. Soner Cagaptay, director del Instituto de Estudios Turcos del Instituto para Política del Medio Oriente de Washington define su posición con una sugestiva metáfora. El Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) actualmente en el poder en Ankara es como un submarino que se sumergió durante todos los años en que aún no controlaba lo suficiente la situación política en el país. Sólo emergió cuando consideró que su poder y su influencia popular son suficientemente fuertes como para que no pueda ser desafiado por la oposición laica.
El AKP tiene sus raíces en la Hermandad Musulmana y comparte su filosofía anti occidental, antisemita, anti israelí, anti europea, anti democrática y anti secular, pero al chocar con trabas institucionales tuvo que ocultar estas posiciones. Una primera experiencia, cuando la primera versión de la AKP, el Partido del Bienestar, adhirió a un gobierno de coalición en 1996, intentó implementar su programa islamista, chocó con una fuerte oposición de un bloque secular, en el que se unieron los partidos de oposición, organizaciones no gubernamentales, diversos sectores de la sociedad civil y el Ejército. Una serie de manifestaciones masivas y una acción concertada de la oposición llevaron a su caída en 1997.
El Partido AKP en su versión actual, fue fundado el 14 de agosto de 2001 y ganó por primera vez las elecciones ese mismo año. Gracias al éxito de su política económica fue adquiriendo un apoyo popular cada vez mayor. En las elecciones locales de 2004 obtuvo el 42% de los votos y en las elecciones nacionales de 2007 logró el apoyo del 46,6% de los votantes, lo que le dio una cómoda mayoría de 341 de las 550 bancas del Parlamento.
Con ello, los constantes intentos del AKP de introducir algunos puntos de su agenda islámica en la legislación del país chocaron con la firme oposición de la Corte Institucional, cuyo cometido es el mantenimiento de la Constitución laica del país. El 14 de marzo de 2008 el fiscal del Estado abrió un juicio para prohibir el Partido por ser «un centro de actividades anti seculares». El tema fue objeto de una exhaustiva investigación y el 30 de julio la Corte Constitucional dio su veredicto, que sólo consistió en una «severa advertencia». Se necesitaban 7 votos para decretar la prohibición y sólo hubo seis.
Pese a ello, el AKP logró debilitar desde el poder a numerosos mecanismos de control de la estructura estatal y mediante complicadas intrigas implementó una política de desprestigio del Ejército. Al mismo tiempo, supo jugar hábilmente un doble juego en el campo internacional. Mientras en el mundo solía presentarse como un ejemplo de islamismo moderado, compatible con la modernidad y la democracia, dentro del país hizo una sistemática campaña de demonización de Estados Unidos, Europa e Israel. A las tímidas protestas de observadores extranjeros, los voceros del gobierno turco solían responder minimizando la retórica de odio como deslices menores en una intrincada situación política puramente local. Pero lo cierto es que Erdogan, a partir de la acción de Gaza de Israel en 2009, llegó a la conclusión de que para sus ambiciones políticas sería mucho más provechoso tener a Israel de enemigo que de amigo. Viendo todo el rédito que sacó el presidente iraní Ahmadinejad en el mundo islámico con su autodesignado rol de supremo defensor de la causa palestina, Erdogan decidió competir en este terreno.
Esto ya se vio en su famoso incidente en Davos en 2009, cuando el primer ministro turco atacó en forma repentina y teatral al presidente de Israel, Shimon Peres, con la clara intención de ganar puntos en la calle árabe e islámica. Y obviamente esta política se consolidó con el apoyo gubernamental a la flotilla, si bien el gobierno turco aseguró que «no hubo ninguna conexión entre los activistas del ‘Nevi Marmara’ y el gobierno». Pero como dijo el columnista turco Burak Bekdil en el cotidiano «Hurriyet» al respecto. «Eso es tan cierto como que yo soy una bailarina».
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