Los entretelones de una resolución inicua
Por Niko Schvartz
En el discurso del 40º aniversario de Playa Girón, Fidel Castro señaló que la resolución fue «una victoria pírrica o una derrota moral de Estados Unidos» y prometió revelar los entretelones del episodio. Vamos a adelantar algunos.
La compra de votos africanos
Un corresponsal argentino en Ginebra reveló que «temprano, la pulseada estaba pareja, por momentos favorable a Cuba.
Pero los norteamericanos presionaron y llevaron a Camerún, Guatemala y Madagascar a apoyar la condena y a Kenia a pasar del No a la abstención.
El Congo, inclinado hacia Cuba, se abstuvo ‘con los pies': despacito, su delegado desapareció del recinto».
Otro corresponsal detalla las presiones sobre países africanos: «Madagascar era otro voto pro cubano (además del Congo). Los norteamericanos recordaron a los funcionarios del pobre país del Océano Indico que sería necesario su apoyo para arreglar la deuda externa, y consiguieron su sensibilidad.
Kenia era, también, un voto cantado por Cuba; se abstuvo. Camerún cedió también a los argumentos financieros emitidos desde el Departamento del Tesoro; se abstuvo».
El periodista destaca el comentario generalizado sobre el estilo de mayor agresividad de la diplomacia norteamericana con Bush hijo, subrayado en la reunión de Ginebra.
La aplanadora contra América Latina
Desde luego, éste se ejerció en primer lugar sobre América Latina. Como consignó nuestro diario, «EEUU presionó hasta último momento a los países latinoamericanos. El presidente Bush llamó personalmente a los mandatarios de estos países y un presidente latinoamericano recibió en las últimas 48 horas diez llamadas directamente de la oficina oval de la Casa Blanca».
Estas prácticas cuentan con un antecedente memorable. Tras la reunión del CIES de agosto de 1961 en que estuvo presente el Che, se reunieron en San Rafael en enero de 1962 los cancilleres americanos para expulsar a Cuba de la OEA. Se requerían 14 votos, los 2/3 de los 21 integrantes de la OEA entonces. El brasileño Santiago Dantas lideró la oposición basándose en los principios de soberanía y coexistencia pacífica de sistemas diversos que Itamaraty mantiene, como se comprobó en Ginebra. El voto 14 no aparecía por ningún lado. La Conferencia entró en un impasse durante varios días, hasta que al delegado de Haití se le dio con el precio, consistente en la construcción de un aeropuerto y un barco de guerra, más los dólares que el delegado se embolsó. Así salvó la democracia frente a los demonios cubanos el benemérito François Duvalier, o «Papa Doc», quien dos años después se declaró presidente vitalicio y solo largó el cargo a su muerte en 1971, asegurando previamente la sucesión para su hijo «Baby Doc». En Ginebra, Estados Unidos logró sólo 4 votos latinoamericanos. En el caso de Uruguay, el voto contra Cuba enterró todo atisbo de una política exterior independiente y de una política de Estado en materia internacional. De la Rúa se rebajó al nivel de Menem, el canciller Rodríguez Giavarini ofrece «relaciones intensas» con EEUU como variante a las «relaciones carnales» del gobierno anterior, y el presidente le lleva en bandeja ese presente a Bush como séptimo mandatario latinoamercano recibido en la Casa Blanca antes de la reunión de Quebec, en la cual EEUU renovará todo su juego de presiones para sacar adelante el ALCA. También votaron Costa Rica y Guatemala. El primero (recuérdese que es el único país que mantiene su embajada en Jerusalén) fue de los pocos que se animaron a poner la cara y hablar antes de la votación, debido –según se estima– al peso del lobby anticastrista allí instalado.
En contra se ubicó la Venezuela de Chávez. En la abstención, como el año pasado, los dos países mayores, Brasil y México, acompañados por Colombia, Perú y Ecuador.
¿Y el bloqueo?
El episodio desprende a la vez una lección insuperable sobre la hipocresía y el fariseísmo con que se manejan las relaciones internacionales.
Para vencer resistencias, o que el bodrio fuera más tragable, los proponentes dijeron que la moción incluiría una condena al bloqueo de EEUU contra Cuba. En tal supuesto, Bélgica defendió el voto a favor de la Unión Europea. Pero llegado el momento de votar, la condena al bloqueo desapareció.
Se la tragó el barbudo. Francia, que había hecho cuestión sobre el punto, protestó. Pero todo fue «pour la galerie».
La mención al bloqueo nunca apareció, y Francia votó igual. Así como todos los miembros europeos de la comisión, para vergüenza aún mayor, oficiaron de recaderos de EEUU: R. Checa y Polonia, a los que se sumaron Letonia y Rumania, y con la honrosa excepción de Rusia, que hizo causa común con China y Vietnam, así como la India y otros países asiáticos y africanos, en el voto en contra.
Esta actitud indecorosa se extendió a los votos de los dos países platenses. La cancillería argentina, obligada a explicar su posición ante la avalancha de críticas (de Alfonsín a Chacho Alvarez, de Ibarra a Storani) emitió un comunicado que se pronuncia contra el bloqueo. Pero su delegado no abrió la boca al respecto, y votó sin chistar. Algo similar ocurre con el comunicado de la cancillería uruguaya, que expresa «su total desacuerdo con la imposición unilateral de sanciones económicas a Cuba», pero el embajador Pérez del Castillo votó la moción que no incluye ese concepto. También el senador Adolfo Singer alegó en defensa del presidente Batlle que «el gobierno uruguayo ha tenido una reiterada actitud de condena al embargo norteamericano contra Cuba y la ha mantenido en todos los ámbitos necesarios». Pero en Ginebra votó al revés.
Lección de dignidad
En esta emergencia resplandeció la dignidad de Cuba. Y también la de los países latinoamericanos que se negaron a marcar el paso ante el imperio. Lejos están las conferencias de cancilleres en que Foster Dulles pegaba unos gritos y todos los delegados americanos boca abajo, menos México.
Ahora América Latina es otra. En ese cuadro se destaca la actitud solidaria del pueblo uruguayo, que salió a la calle a defender el derecho soberano de Cuba, como lo hizo desde el inicio de su revolución.
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