A UN AÑO DEL GOLPE EN HONDURAS
Las grandes ciudades, como la capital Tegucigalpa y San Pedro Sula, aparecieron ayer copadas por las fuerzas represivas e intensamente patrulladas, mientras se anunciaban marchas, actos y concentraciones de las fuerzas democráticas. Dos importantes dirigentes del movimiento de resistencia, Bertha Cáceres y Román Castro, fueron detenidos en vísperas de la fecha, y liberados al cabo de varias horas por la presión popular.
Los periodistas han sido un blanco preferido de la represión. Nueve de ellos han sido asesinados en este período, pertenecientes a las distintas regiones del país, y en todos los casos se trata de quienes, en prensa escrita, radial y televisiva denunciaban sin tregua, jugándose la vida, los crímenes del régimen. De ello se hizo eco el ex presidente constitucional Manuel Zelaya mientras permaneció asilado en la embajada brasileña en Tegucigalpa y luego en su obligado exilio latinoamericano y caribeño. Y fue reiterado en circunstancias que conviene precisar.
Zelaya participó en Buenos Aires el 25 de mayo en los festejos el Bicentenario como invitado especial de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Se ha dicho que esto fue, mucho más que un simple gesto, una confirmación de los presidentes de la región de no permitir que continuara el golpe de estado del 28 de junio pasado bajo otras formas encubiertas. En ese marco, Zelaya declaró: «Mientras continúe la impunidad en Honduras será imposible mi regreso al país y toda negociación carecerá de una base seria, porque se sigue matando, persiguiendo y amenazando a la población inerme bajo el gobierno del presidente Porfirio Lobo». En las siguientes reuniones de la Unasur, Zelaya fue apoyado por el conjunto de los presidentes; en la OEA (donde fue suspendida tras el golpe) Honduras no fue readmitida, y en la reunión de la Unión Europea con América Latina y el Caribe efectuada recientemente en Madrid, el gobierno de Lobo no fue invitado.
En el interior del país, mientras la resistencia se mantiene, las estructuras golpistas siguen intactas y ocupan todos los ministerios, los órganos de represión y también puestos clave en los sistemas de vigilancia y espionaje de la población. Lobo le ofreció el regreso, pero Zelaya respondió que esto era inviable hasta que no se restableciera el sistema de garantías para todos. Y agregó que mal puede hablarse de una Comisión por la Verdad si ésta se encuentra en manos de los golpistas y violadores de los DDHH, sin la voz de las víctimas. Defendió la obra de su gobierno, dijo que el golpe fue dado por los mandos militares y por el grupo de las 10 familias dueñas de la mayor parte de las riquezas del país, con el objetivo de enfrentar su programa de aumento del salario mínimo, de reducción de la pobreza, de reformas en el tema de los combustibles, de proyectos de educación y salud (con la colaboración de Cuba). Sobre el papel de EEUU en Honduras (que tiene entre sus antecedentes la invasión a Guatemala en 1954 y la guerra sucia contra Nicaragua en los 80) dijo: «Lamento que el gobierno de Barack Obama, que en un primer momento no estaba con el golpe, como sí lo estaba la inteligencia de su país, esté apoyando a los golpistas que aterrorizan al pueblo». Reveló que cuando su gobierno quiso nombrar al ex rector de la Universidad de Honduras, Jorge Arturo Reyna, como representante en la ONU, el gobierno de EEUU le negó la visa, por imposición directa de John Dimitri Negroponte.
Su justa conclusión es que debemos luchar en Honduras y el continente- para revertir las consecuencias del golpe, porque no puede quedar el antecedente de golpes de Estado impunes en América Latina. Sus directivas fueron muy claras: «Tenemos que cuidarnos de todos los intentos de dividirnos dentro del país y de dividir y golpear la integración latinoamericana. El Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) tiene propuestas y debe ser el eje para coordinar y aglutinar las fuerzas políticas progresistas. El propio Partido Liberal sólo se salvará hacia el futuro si está junto a la Resistencia».
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