OPINION INTERNACIONAL

NOTICIAS DE LA "JIHAD"

Pero esta noticia «desnoticiada» no tiene nada que ver con un desastre natural. Tiene que ver con peligro muy real de imposición en el siglo XXI de un radicalismo religioso que divide a los seres humanos en dos clases, fieles e infieles, desterrando «perniciosas» costumbres modernas. Entre ellas, por ejemplo, la de ver por la televisión partidos de fútbol del Campeonato Mundial en Sudáfrica, como lo establecieron militantes islámicos en Somalia. Y tiene también que ver con el sueño de dominar al mundo y de obligar a la humanidad a estar regida por las normas de una religión que no se ha actualizado desde el siglo séptimo de nuestra era. Sería un grave error creer que en nuestro mundo globalizado los países lejanos de zonas conflictivas estamos a salvo. Conviene recordar los atentados de Madrid, del subte de Londres, el atentado contra la AMIA en Buenos Aires y las decenas de atentados fallidos que fueron frustrados o los que por diversas razones abortaron a último momento.

Para tener una idea de las dimensiones de este fenómeno realicé una investigación en Internet y las cifras son muy elocuentes.

Entre el 5 y el 11 de junio de 2010 tuvieron lugar 44 ataques de islamistas. Hubo 157 heridos y 298 heridos graves. En mayo de 2010 hubo 150 ataques en 14 países, que dejaron 729 muertos y 1.591 heridos graves.

No voy a dar el detalle total de los incidentes. Pero sí citaré muchos casos que nos pueden dar una idea de la magnitud del problema.

En Lahore, Pakistán, el 31 de mayo islamistas militantes irrumpen en un hospital y matan a 6 personas e hieren a otras seis.

En Bagdad, Irak, el mismo día, jihadistas matan a un hombre sentado en un café, matan a otro en un ataque con bombas e hieren a 10 personas. El 1º de junio en Muslimabad, Pakistán, una mujer y su nuevo marido son asesinados por sus ex cuñados en un asesinato de honor.

En Abu Ghraib, en Irak, el 3 de junio, se encontraron en una tumba colectiva 8 víctimas de un grupo shiíta militante.

El mismo día, en Mogadishu, la capital de Somalia, dos soldados de paz ugandeses fueron muertos por terroristas de Al-Shabab.

También el 3 de junio en Shiwal, Pakistán, un pastor protestante y su esposa embarazada fueron brutalmente atacados por una turba de musulmanes exaltados acusados de evangelizar. El 6 de junio en Quetta, Pakistán, se dio a conocer un video mostrando el asesinato de un trabajador de una ONG de ayuda humanitaria apresado por terroristas.

En Yala, Tailandia, el 13 de junio separatistas islámicos arrojaron bombas a un salón de té frecuentado por budistas. Hubo 2 muertos y 26 heridos.

En Montreal, Canadá, el mismo día, una joven de 19 años fue acuchillada por su propio padre por «dañar el honor de la familia».

En Horuwaa, Somalia, el 12 de junio, 2 personas fueron muertas a tiros por una milicia islámica por ver un partido de fútbol por TV.

En Mata Khan, Afganistán, el 11 de junio, cuatro obreros de la construcción fueron brutalmente asesinados a tiros por fundamentalistas sunnitas.

En Jalawla, Irak, el 2 de junio, terroristas colocan una bomba en un montón de basura. Matan a 3 transeúntes e hieren a otros 9.

En Laktaria, Argelia, el 2 de junio, cuatro personas mueren y otras 20 son heridas cuando elementos radicales islámicos hacen explotar un camión en mitad de una calle.

Un ataque contra un ómnibus civil en Kandahar, Afganistán, el 2 de junio, produce 9 muertos y 8 heridos, entre ellos cuatro mujeres y tres niños.

En Nadahan, Afganistán, el 9 de junio, la irrupción de un terroristas suicida en una boda deja 40 muertos y 73 heridos.

En Yala, Tailandia, el 8 de junio, un ataque con granadas de separatistas islámicas mata a una niña de 5 años e hiere a 23 personas.

En Marib, Yemen, el 5 de junio, tres tribeños mueren en un ataque de Al Qaeda.

En Makhachkala, Dagestán, el 4 de junio, militantes islámicos matan a un imam de una secta rival frente a su mezquita.

En Iskanderún, Turquía, el 3 de junio, un obispo católico es acuchillado por un musulmán que dice que el asesinato le fue decretado por Alá.

En Basilan, Filipinas, el 6 de junio, miembros del grupo islamista Abu Sayyaf secuestran y matan a tres trabajadores rurales.

En Quetta, Pakistán, el 3 de junio, un hombre asesina a su hermana y a su amante por mantener relaciones ilícitas.

En Sinjar, Irak, el 3 de junio, islamistas radicales, disparan a mansalva contra un negocio en el que se venden licores. Mueren 4 personas y 14 son heridas.

Estos asesinatos, poco más de una veintena, dan una idea de los 194 ataques producidos en los últimos dos meses. Pero hay motivos para creer que la lista está muy lejos de ser completa. Lo que debe quedar en claro es que existe un fanatismo asesino que mueve a miles de militantes en todo el mundo que se sienten iluminados y consideran que tienen un derecho divino a matar.

Quien no quiera ver este fenómeno, elige una ceguera suicida.

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