Embajador cubano acusó al gobierno de "traición"

Más fisuras en la Alianza por el voto contra Cuba

Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina

 

Como la mirada del canciller Adalberto Rodríguez Giavarini es hostil a La Habana, al igual que la del Presidente, el voto es parte de la política de relaciones intensas –antes carnales, con Carlos Menem– entre Buenos Aires y Washington y coincidió con el encuentro de ayer entre De la Rúa y George W. Bush; un trámite casi burocrático del norteamericano para llegar a Quebec con una charla previa con los siete mandatarios latinoamericanos más importantes. El argentino, ha sido el último, antes de la que habrán de sostener en Québec.

Con su ironía habitual, el matutino Página/12 hace un truco fotográfico en portada que exhibe a De la Rúa con una caja de alfajores Habana, una marca tradicional del postre, para regalárselo a su anfitrión norteamericano. Curioso: una año atrás, en su único encuentro con Bill Clinton, De la Rúa viajó para la misma fecha en que en Ginebra la Comisión de Derechos Humanos también irritó a La Habana con una medida de inequívoca matriz norteamericana. Entonces el gabinete nacional, el poder en suma, se fragmentó. Se quejaron el entonces vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez y gran parte del elenco ministerial por el sigilo de la decisión que no tuvo en cuenta las opiniones contrarias de los partidos que integran la Alianza.

Con todo, dentro del gobierno hay quejas. Es significativa la que expresó la subsecretaria de Derechos Humanos, Diana Conti: «Respeto la posición adoptada por el gobierno argentino, pero en mi opinión personal no hubiera votado en contra.

El nivel de cumplimiento de los derechos humanos es igual que en cualquier otro país de Latinoamérica. La diferencia es que ellos no tienen un gobierno democrático. Esa situación es repudiable, pero es el sistema político que los cubanos eligieron hasta ahora para sobrevivir en el mundo y las condiciones que les tocó vivir.»

El disgusto motivó un documento de la Mesa Nacional del Frepaso que encabeza «Chacho» Alvarez donde se lamenta el voto y se subraya que el voto de México y Brasil demuestra que no existe relación directa entre ayuda económica y condena a Cuba. El jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra afirmó con tono crítico que la Argentina «perdió una oportunidad de expresar una política propia dentro de América Latina. Acá está claro que EEUU tiene un problema con Cuba, pero nosotros no tenemos por qué comprarnos ese conflicto».

El jefe del radicalismo, Raúl Alfonsín, que se pronunció varias veces por la abstención, no dijo esta vez nada, pero no es un silencio complaciente, dicen los suyos. En todo caso reivindican la presión como para que el canciller no copatrocinara el documento Checo, entre otras cosas, porque no se incluyó claramente la condena al embargo norteamericano contra la mayor de las Antillas.

En medio de numerosas expresiones de repudio de las centrales sindicales, de legisladores (muchos) del peronismo y de los partidos de izquierda, el embajador cubano, Alejandro González Galiano, señaló en un comunicado que «se ha consumado la nueva traición contra el pueblo de Cuba». No es lo que opina el canciller: ha dicho que el voto es «un acto de amor

con el pueblo cubano». Una curiosa definición.

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