ARGUMENTOS TORCIDOS
En un caso, se hace caudal del hecho de que los participantes de la flotilla eran en su mayoría turcos, y se procura invalidar su acción solidaria por el hecho de que Turquía es responsable del genocidio armenio, de matanzas de griegos y kurdos, a lo que se agregan las acciones de los fundamentalistas musulmanes en Sudán, los enfrentamientos sangrientos de chiítas y sunnitas en diversas latitudes, etc. Pero ¿acaso estos hechos pueden justificar la masacre israelí de los militantes de la solidaridad y antes de la sacrificada población de Gaza? Unos y otros son crímenes abominables, de lesa humanidad, y unos no pueden servir para eliminar o reducir la culpa de los responsables de los otros. En todo caso habría que agregar además a la lista otros crímenes infames perpetrados por los israelíes, como la matanza de Sabra y Chatila en los suburbios de Beirut.
En otro caso, el autor se pregunta: «¿Cómo explicar que entre los detractores más sistemáticos y virulentos del Estado de Israel siempre suelen encontrarse algunos judíos?», e incursiona, con variaciones psicoanalíticas, en la historia de judíos conversos aliados de la Inquisición, de judíos que apoyaron a Hitler y de un poeta en idisch asesinado en época de Stalin, para terminar en una apología exaltada del Estado de Israel.
Pero no se trata de «los detractores más sistemáticos y virulentos» de dicho Estado, sino de personas, organizaciones y partidos que condenan como se merece a gobiernos que han cometido y cometen actos de genocidio contra los palestinos. Y esto involucra por igual a judíos y no judíos (si nos atenemos a esa absurda clasificación que discrimina a los individuos entre los que son judíos por una parte y todos los demás por otra). ¿O acaso una persona con ascendencia judía debe sentirse inhibido de condenar esas matanzas, el empleo de fósforo vivo en Gaza, la destrucción de las viviendas, las escuelas y centros de aprovisionamiento de la ONU, el robo sistemático de tierras palestinas, la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania y Jerusalem este (incluso como provocación adicional ante la llegada del vicepresidente Joe Biden para impedir la reanudación de un diálogo de paz), la tortura autorizada de miles de presos palestinos, la construcción de un muro de la infamia de cientos de kilómetros, el aplastamiento con una topadora de la militante pacifista estadounidense Rachel Corrie (cuyo nombre llevaba uno de los barcos de la flotilla), el incumplimiento sistemático de las resoluciones de Naciones Unidas sobre el muro y sobre el cerco a Gaza, y ahora el rechazo de plano al nombramiento de una Comisión Investigadora internacional sobre el crimen de la flotilla, que acaba de reiterar el gobierno de Benyamin Netanyahu, temiendo quizá que se reproduzca lo acontecido con el informe de la Comisión presidida por el jurisconsulto judío sudafricano Richard Goldstone que probó documentadamente, y hasta la saciedad, el genocidio en Gaza? ¿Acaso hay que avalar la conducta de la mayoría de los diputados de la Knesset que trataron de «traidora», «puta» y «solterona» a la diputada árabe israelí Hanin Zuabi, que viajaba en la flotilla y fue testigo presencial del asalto a mano armada y de los asesinatos, y a la que no dejaron hablar, la amenazan de muerte y quieren despojarla de su carácter de diputada y de la ciudadanía?
Por el contrario. Pienso y lo reitero que un gobierno integrado por descendientes de quienes sufrieron los horrores tremendos del Holocausto (y cada familia judía, sin excepción, lleva en el alma y en la memoria la marca de esos sufrimientos inenarrables) tiene el deber inexcusable de respetar los Derechos Humanos de todos los seres en su máxima extensión imaginable. En esto sí deben ser los primeros, los más severos e intransigentes. Y no marcar el paso a Avigdor Lieberman y a sus secuaces del Israel Beiteinu, racista y xenófobo de la peor calaña, aliado a la cohorte de los ultraortodoxos derechistas de diverso signo, que sujetan al gobierno como la cuerda al ahorcado y quieren llevarlo a la expulsión de todos los palestinos y a constituir un Estado al estilo de los arios puros.
Compartí tu opinión con toda la comunidad