OPINION INTERNACIONAL

MANDELA Y LA NUEVA SUDAFRICA

El mundo entero pudo disfrutar de un magnífico espectáculo de inauguración en la víspera del inicio de los juegos, con Shakira y otros artistas cuya popularidad trasciende las fronteras. Complementado por la ceremonia de inauguración del torneo en sí mismo en su XIXª edición y albergado por primera vez por el continente africano, antes de dar paso al match inicial entre los locatarios Bafana­Bafana y la Selección azteca en el estadio Soccer City de Johannesburgo. Allí vimos desfilar a numerosos grupos con sus trajes tradicionales de vivo colorido y sus danzas típicas, desde el norte del Magreb hasta la propia Sudáfrica. Apuntan las crónicas que entre las estrellas invitadas, el trompetista sudafricano Hugo Masekele, el estadounidense R. Kelly, el argelino Khaled y el nigeriano Femi Kuti hicieron bailar a espectadores más que motivados. Siguió una exhibición aérea con cazas supersónicos y después aviones que efectuaron acrobacia aérea y dibujaron en el cielo los colores de la bandera sudafricana. Tradición que viene desde las raíces del África negra y alta tecnología moderna, todo mezclado.

El broche de oro era la anunciada presencia de Mandela, pero no pudo ser. Una fatalidad lo impidió. Una de sus biznietas, de 13 años, pereció en un accidente automovilístico, precisamente al salir del espectáculo en la víspera de la inauguración. El presidente Jacob Zuma explicó que Mandela estaba de duelo pero que su espíritu decía presente y que le había pedido que trasmitiera al público el mensaje de que «el espectáculo debe comenzar, ¡disfrútenlo!». El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, expresó por su parte, hablando también desde el césped, que «el Mundial está en África, el Mundial está en Sudáfrica, e incluso aunque no esté aquí, el espíritu de Nelson Mandela está en el Soccer City».

Se estaban refiriendo a quien ofrendó su vida entera a la lucha contra el ominoso régimen del apartheid impuesto desde hacía siglos por los colonizadores blancos, primero holandeses (boers) y después británicos. Esta colonización bestial, que imponía a la población negra un régimen similar a la esclavitud, se expresó en masacres como la de Soweto, en 1976, que horrorizaron al mundo, ejercida contra una rebelión de jóvenes que querían cambiar el régimen imperante. Soweto significa South West Township, o sea: barrio del sudoeste de Johannesburgo, y de paso sea dicho en las actuales imágenes de TV pudimos apreciar su nueva realidad, un barrio modesto pero decente con elevada concentración poblacional. Por combatir el apartheid Mandela fue condenado a prisión perpetua en 1963 y estuvo 27 años encarcelado, primero en el presidio de Robben Island y luego en Pollsmoor. Era el preso número 466 del año 1964, por esa razón llevaba el número 46664. En la notable película titulada «Invictus», dirigida por Clint Eastwood, con actuaciones estelares del actor negro Morgan Freeman como Mandela y de Matt Damon como François, el capitán del equipo (blanco) de rugby, hay una secuencia inolvidable cuando este último visita la prisión de Robben Island y reflexiona allí sobre la larga estancia de Mandela entre sus paredes. En la película se refleja en profundidad la lucha de Mandela por ganar la conciencia de todo el pueblo para llevar adelante la lucha contra el racismo en forma pacífica y evitando nuevos derramamientos de sangre, con un planteo ideológico ajeno a todas las incomprensiones y resabios de un pasado doloroso.

En 1988 en el estadio Wembley de Londres se celebró en un acto multitudinario el 70º cumpleaños de Mandela, que seguía preso. Había nacido el 18 de julio de 1918 en la localidad de Umtata, hijo de un jefe de tribu de los tembú.

En ese acto, en presencia de decenas de miles de espectadores y presenciado por millones en la TV, Harry Belafonte cantó y reclamó su libertad. Esta se produjo el 2 de febrero de 1990. En 1994, en las primeras elecciones multiétnicas efectuadas en Sudáfrica, ganó la presidencia como candidato del Consejo Nacional Africano (CNA) con el 63% de los votos. De la cárcel a la presidencia por la voluntad del pueblo. Gobernó hasta 1999, y desplegó una campaña persistente por la reconciliación nacional, movido por un sentimiento humano que le es consustancial, pero además por clarividencia política.

Hoy, a los 92 años, es un símbolo vivo de la nueva Sudáfrica.

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