Polémica en Israel sobre la lealtad de la minoría árabe
Los diputados árabes, a menudo acusados por la derecha israelí de apoyar la causa palestina antes que la del Estado de Israel, son objeto de amenazas anónimas y de ataques virulentos en la Knesset (Parlamento) por parte de sus compañeros judíos desde el ataque a la flotilla internacional de ayuda para Gaza del 31 de mayo.
«Tenemos que dar un golpe parlamentario a los diputados árabes para que entiendan que hay límites que no se pueden sobrepasar», declaró a la AFP el diputado Michael Ben Ari (Unión Nacional, extrema derecha).
«Estoy a favor de la democracia pero no para los que quieren destruir el Estado de Israel», añadió.
Dos partidos árabes nacionalistas (Raam-Tall y Balad, que suman siete escaños) y un partido judío-árabe (Hadash, cuatro escaños) representan los intereses de la minoría árabe israelí, que cuenta con 1,3 millones de personas (el 20% de la población de Israel).
Esta comunidad procede de los 160.000 palestinos que se quedaron en sus tierras tras la creación del Estado hebreo en 1948.
Durante las últimas elecciones legislativas en marzo de 2009, el partido ultranacionalista Israel Beitenú, del actual ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, inscribió en su programa un proyecto de ley titulado «Lealtad-ciudadanía», en el que se reserva la concesión de la nacionalidad israelí a aquellos que «son leales al Estado judío».
Hoy, el principal blanco de los ataques es la diputada de extrema izquierda Hanin Zoabi, investigada por la justicia por haber embarcado a bordo de la «flotilla de la libertad» a Gaza. Más de 100.000 israelíes firmaron una petición para que se le retire su estatus de diputada.
Una comisión parlamentaria se pronunció el lunes a favor de que se le retiraran su pasaporte diplomático, la asistencia financiera del Estado en caso de enjuiciamiento y sus privilegios en caso de desplazamientos al extranjero.
El ministro del Interior, Elie Yishai, del partido Shass (ortodoxo sefardí), fue hasta pedir al fiscal general que verifique la posibilidad de retirarle la nacionalidad israelí.
Hanin Zoabi, de 41 años, defiende por su parte su derecho a «criticar la política criminal de Israel con el pueblo palestino» y lamenta la «ausencia de democracia en Israel». «Dejamos a los árabes que se expresen pero no se les escucha, la democracia no es sólo poder hablar, es poder ser escuchados», dijo en una entrevista a la AFP.
Las acusaciones de traición a los árabes israelíes, y en particular a sus diputados, no son algo nuevo.
Azmi Bishara, fundador del partido Balad, al que pertenece Zoabi, tuvo que dejar el país en 2007 tras dimitir de su puesto de diputado, investigado por «alta traición», sospechoso de haber transmitido informaciones y blanqueado dinero para el Hezbolá chiita libanés.
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