De la Rúa con Bush: ALCA, Cavallo y Cuba en la agenda

Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina

 

Fernando de la Rúa camino a Québec descenderá en Washington, donde mañana lo aguarda George W. Bush ansioso por acercar a la Argentina a las posiciones de la Casa Blanca sobre el ALCA, esa iniciativa que no acaba por conformar a todos sus posibles integrantes.

La agenda está acotada a los 40 minutos fijados para el encuentro, aunque ya se sabe que se extiende un poco para satisfacer el ego del visitante. El de mañana quiere explicar, desde esa plataforma, que se debe esperar que los lineamientos que está pergeñando el ministro de economía Domingo Cavallo para alejar a la Argentina del default y acercarla al crecimiento, darán buenos resultados. En los EEUU hay dudas con eso de la extensión hacia el euro para la ley de convertibilidad, ahora sólo basada en el dólar. Pese a que la Casa Blanca lo quería a Cavallo en la misión, De la Rúa que no quiere nada que lo opaque, prefirió que el ministro cumpliera con su compromiso de participar del encuentro del Grupo de los 30 (economistas influyentes) en Londres, también mañana y el viernes.

Un proyecto de ley penetrando al euro en la convertibilidad está ya en la Cámara baja que hoy comenzará el debate. De hecho, la norma es más virtual que real, habida cuenta que el euro es aún una moneda de intercambio y no de uso diario. Pero lo será: cuando llegue a valer igual que el dólar, comenzará a funcionar la ley argentina modificada. De hecho, el peso «flotará», aunque la palabra cause espanto entre los funcionarios, entre las dos monedas tan fuertes, pero oscilantes. El yen iba a ser de la idea, pero, ¿quién habla japonés, como para evitar una trampa?, plantearon sus objetores. «Cavallo comenzó a desmontar su propio Golem, la convertibilidad» se dice en voz baja: es que el tema es tabú.

 

Cuba también

De la Rúa tiene en sus alforjas la decisión que adoptará la Argentina frente a Cuba, ahora ante el inminente debate en Ginebra donde los EEUU impulsan su sanción para tratar de humillarla ante el concierto mundial. Las noticias que tiene aquí el Palacio San Martín hablan de las dificultades para reunir un número fuerte para condenar a La Habana, ya que la redacción que Washington ve con agrado, deja de lado un enfoque menos agresivo para La Habana, y descarta que se condene a los EEUU por mantener el embargo.

Hace semanas que el asunto cubano se insertó en la vida argentina desde que Fidel Castro supo por la vía que fuere, que el Palacio San Martín se preparaba para repetir el voto condenatorio como lo hizo un año atrás y lo aplicó Carlos Menem. Para comprender al presidente cubano, hay que tomar en cuenta que la Alianza que ganó las elecciones presidenciales, se había propuesto modificar esos aspectos demasiados pro yanquis de la política externa. Y que además, después de aquel voto reiterativo en 2000, Buenos Aires envió señales de amistad a La Habana que no se traslucieron en otra actitud respecto de la votación de Ginebra. «Lamebotas», tronó Castro y la cancillería ordenó el regreso del embajador Oscar Torres Avalos que, lo dijo por radio, «en Cuba no se violan los derechos humanos». El embajador cubano no se ha ido, al menos hasta ayer sostenía que lo era ante el gobierno pero también ante el pueblo argentino. Alejandro González Galeano se ha manejado en el límite, pero no ha dejado de decir lo suyo. Cuando el presidente De la Rúa manifestó que «lo hecho (la votación del año pasado), bien hecho está», el diplomático caribeño replicó: «lo dicho (por Fidel) bien dicho está».

 

¿Quién es el violador?

No solamente eso: «En Cuba no hay madres con pañuelos blancos», indicó en una de sus frecuente intervenciones en varios medios o con políticos de amplio espectro. Es recordar algo muy lacerante; los desaparecidos, «que es lo que no hay en Cuba», sostiene el embajador. El sabe que la mayoría de la Alianza está por la abstención, no porque todos sus miembros sean pro castristas, por el contrario, a más de uno les disgusta el sistema de partido hegemónico y la situación de la prensa. Simplemente comprenden en la coalición política que hoy tiene escaso peso en el gabinete, que lo de Ginebra es una tramoya de los EEUU, no un franco debate sobre respeto a los derechos humanos, que Washington no resistiría. Ni tampoco la Argentina. Lo mismo ocurre dentro del justicialismo. La semana pasada el influyente senador peronista Eduardo Menem repudió el voto de sanción contra Cuba y pidió al presidente que medite sobre ese paso. Es la opinión de gran parte de los legisladores de esa tienda política de las dos cámaras y de todas las centrales y corrientes sindicales y estudiantiles. ¿Cómo comprender la postura argentina que además es calificada como «política de Estado»?

Una vigilia de militantes de partidos de izquierda favorables a Castro se realiza frente a la casa rosada. No quieren la condena, reclaman por una política independiente.

Pero De la Rúa estará mañana con Bush, y es difícil que lo desaire. Habrá remezones diplomáticos.

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