Opinión Internacional

Perú rumbo a la segunda vuelta

Por Niko Schvartz

 

Entrada la noche del domingo 8, cuando ya aparecía como irreversible que Alan García sería el desafiante de Toledo (contrariando las encuestas previas que asignaban eas condición a Lourdes Flores), empezaron a girar por el mundo los informes de los organismos internacionales de crédito, que hacían su juego en una suerte de presión indirecta sobre el electorado peruano llamado a pronunciarse al mes siguiente.

 

Las calificadoras de riesgo

Todos estos informes parecían cortados por la misma tijera. Las empresas calificadoras de riesgo anunciaron que la presencia de García en el escenario final aumentaba el peligro para los inversores. La Bolsa de Nueva York y otras también trasmitirán señales negativas, en un clima de nerviosismo generalizado, y se referían a la aprensión reinante por la presencia del ex presidente en el balotaje. Esto se trasladó a la Bolsa de Valores de Lima, que ya el lunes 9 cayó en 2,43%, uno de los peores resultados del año, mientras las consultoras locales alegaban que «ciertamente la entrada de Alan García a la segunda vuelta es una mala noticia para los inversores».

Esta gente sabe que con Toledo no hay problema. El candidato de Perú Posible basó su campaña electoral en la afirmación de que aplicaría puntualmente la receta neoliberal, haciendo mención expresa a la privatización de las empreas estatales y a satisfacer los requerimientos de la banca acreedora. Reiteró este discurso al lanzarse a la segunda vuelta. O sea que condenaba la corrupción fujimorista, pero se disponía a seguir la misma política económica que ésta impuso a lo largo de un decenio, y que se traduce hoy en una desocupación galopante del orden del 50% de la población económicamente activa (mayor aun si se computan los índices de subocupación), con un 58% de la población total viviendo debajo del límite de pobreza (y entre ella un 15% en la pobreza extrema).

En cuanto a la candidata de Unidad Nacional, perteneciente a la derechista democracia cristiana y próxima al partido de Aznar, siempre fue afín al dogma neoliberal. El problema se planteaba con Alan García, que en su presidencia se negó a pagar la deuda externa (destinando a la misma un porcentaje determinado de las exportaciones) y terminó su gobierno con una hiperinflación de cuatro dígitos, terreno abonado para la demagogia de un desconocido Fujimori en la elección de 1990.

 

El que rompió el chiquero

Resultó sorprendente la irrupción de García en el escenario final, tras apenas ocho semanas de una campaña arrolladora luego de un prolongado exilio, por la cual la ventaja de diez puntos de Toledo puede cambiar de signo. En todo caso, ahora se trata de barajar y dar de nuevo. Pero hay que saber que García también se dedicó a brindar explicaciones a los banqueros. Dijo que había aprendido la lección de su desgobierno, y prometió hacer bien los deberes en caso de retornar a la presidencia. Se recuerda que terminó su gestión en medio del descrédito y con gruesas acusaciones de corrupción, que determinaron su exilio en Colombia.

 

La corrupción militar

El tema de la corrupción dominó la vida política peruana en el último período, determinando la caída y la huida de Fujimori y de su zar de inteligencia, Vladimiro Montesinos. Ya se sabe que el saqueo perpetrado por esta dupla siniestra se extendió a las finanzas del país en su conjunto. La exhibición de las decenas de vladivideos demostró que ningún sector quedó al margen de este proceso de corrupción mayúscula. Tampoco por cierto el de los militares.

Más aun: las más recientes exhibiciones mostraron la confabulación de los máximos mandos militares, varios de los cuales siguen en sus puestos bajo el gobierno interino de Valentín Paniagua, que se juramentaron en una reunión secreta realizada el 13 de marzo de 1999 a defender a Fujimori en todas las circunstancias. Es el mismo ejército que había dado con Fujimori el golpe de Estado el 5 de abril de 1992, disolviendo el Congreso, sobre cuya base se produjo su primera reelección fraudulenta.

El general Nicolás Hermoza Ríos, durante más de siete años poderoso jefe del ejército, está actualmente encarcelado por complicidad con las bandas de narcotraficantes. En suma, imperaba en la cúpula de Perú una verdadera asociación para delinquir en escala gigantesca, integrada por civiles y militares. Este problema aguarda al próximo gobierno como una de sus prioridades, sea quien sea el electo.

 

La izquierda peruana

En un proceso en el que grandes masas del pueblo acumularon ricas experiencias de lucha, la gravitación de la izquierda ha sido reducida. Ello es consecuencia directa de su división.

Poderosa cuando conformó el frente de Izquierda Unida, posteriormente se dividió y subdividió para desembocar en una virtual inoperancia. Ahora, en un cuadro político remodelado, los electores se dividieron en cuatro grandes bloques tras los respectivos candidatos presidenciales, llegando el Frente Independiente Moralizador del diputado Fernando Olivera (quien exhibió el primer video), a arañar el 10% de los votos. El desplome del fujimorismo se demuestra en que su candidato Carlos Boloña llegó apenas a 1,70% de la votación, con tres diputados en el Congreso unicameral de 120 miembros. La izquierda (Unión por el Perú) alcanza a siete o nueve diputados, según las versiones.

En 1982 Izquierda Unida conquistó la alcaldía de Lima, y posteriormente la de Cuzco y otras ciudades. En 1985 disputó de igual a igual la presidencia con Alan García. En 1989 la izquierda se presentó dividida (entre la «Unida» de Henry Paese y la «Socialista» del ex alcalde capitalino Alfonso Barrantes), y Fujimori triunfó, con 56,4% de los votos, contra ella, el Frente Democrático de Vargas Llosa y el candidato aprista Luis Alva Castro. A partir de allí se acentuó la subdivisión y consiguiente declive de la izquierda.

En encuentros de la década pasada el Foro de São Paulo contó con la presencia del Partido Unificado Mariateguista (PUM) que al igual que el Partido Comunista reivindica la fértil herencia de José Carlos Mariátegui, pero después desapareció. En el caso de Perú se puede por ende extraer una conclusión por la negativa: si la izquierda no está unida, deja de gravitar.

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