9 DE MAYO, UNA FECHA INOLVIDABLE
Desde la tribuna de la Plaza Roja el presidente ruso Dmitri Medvedev felicitó a los veteranos de guerra sobrevivientes y a los participantes en la celebración, recordó que la Unión Soviética enfrentó el golpe principal del nazi-fascismo, que el enemigo se encontró «con una resistencia sin igual por su coraje y su fuerza» y así fue detenida «una máquina de aniquilación de pueblos enteros y se puso fin a una ideología destructora de las bases de la civilización». Desfilaron luego en los clásicos paralelepípedos las unidades militares, conservando algunas los uniformes de la época de la guerra, una columna motorizada encabezada por el legendario tanque T-34, unidades militares de EEUU, Inglaterra y Francia, del ejército polaco y de estados ex soviéticos. Las celebraciones se efectuaron simultáneamente en todas las «Ciudades Heroicas» de Rusia y tuvieron lugar también otros países, como Cuba, con participación de representantes de países de la antigua URSS.
Recordemos la historia. El 21 de abril las tropas soviéticas, en la ofensiva desencadenada después de Stalingrado, llegaron a las cercanías de Berlín, que en pocos días se encontró totalmente cercada. El 25 de abril se produjo el histórico Encuentro en el Elba entre tropas soviéticas y estadounidenses. El 30 de abril fueron tomados los accesos al Reichstag, en el centro de la capital, y a las 21 horas 50 minutos los sargentos Mijaíl Yegórov y Melitón Kantaria plantaron la bandera roja con la hoz y el martillo en la cúpula del Reichstag. El 8 de mayo se firmó la rendición incondicional en Karlshorst, suburbio de Berlín. Al día siguiente, en su mensaje del Día de la Victoria decía Stalin: «Los grandes sacrificios tributados en aras de la libertad e independencia de nuestra patria, las incalculables privaciones y sacrificios vividos por nuestro pueblo en el curso de la guerra, el intenso trabajo en la retaguardia y en el frente no han sido estériles y se han visto coronados con la plena victoria sobre el enemigo».
El mundo entero reconoció el papel decisivo de la Unión Soviética en la derrota del fascismo. Ya antes lo habían hecho los principales líderes de la coalición antinazi. Winston Churchill declaraba el 27 de setiembre de 1944: «Precisamente el ejército ruso sacó las tripas de la máquina de guerra alemana, y en la actualidad contiene en su frente a la mayor parte de las fuerzas del enemigo». Por su parte, el presidente Franklin D. Roosevelt decía en fecha anterior: «Me es difícil eludir un hecho tan sencillo como es que los rusos matan más soldados enemigos y destruyen más armas que los 25 estados de las naciones unidas tomados en su conjunto». Y el general Charles De Gaulle afirmaba en las vísperas de la ofensiva final, que fue además liberadora de los pueblos europeos: «Los franceses saben lo que hizo por ellos la Rusia soviética y saben que, precisamente, la Rusia soviética jugó un papel principal en su liberación». Es más: el general C. Chennault, del alto mando de las Fuerzas Aéreas de EEUU, destacado en China, expresó que la entrada de la Unión Soviética en la guerra con el Japón, después de la rendición de Alemania, contribuyó en grado considerable a la terminación de la conflagración en el Océano Pacífico, y que ello hubiese sucedido aunque no se hubieran lanzado las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, lo que fue anunciado por el presidente Truman, sucesor de Roosevelt, a Stalin en la conferencia de Potsdam.
Éste es el acontecimiento que no podrá ser borrado de la historia. Mucha agua ha corrido bajo los puentes en estos 65 años. La situación internacional ha sufrido dramáticos cambios, en distintos sentidos. No existe ya la Unión Soviética, protagonista de primer plano en esta gesta en la que de alguna manera participaron todos los pueblos del mundo. Pero la humanidad le debe reconocimiento, porque con su sangre y su sacrificio impidió que prevaleciera el milenio nazi preconizado por Hitler. No estaríamos hoy contando el cuento, de no haber sido así. Y también le guarda reconocimiento porque el 7 de noviembre de 1917 ese pueblo alumbró la primera revolución socialista de la historia. Demostró que era posible concretar esa utopía, aún en las condiciones más difíciles, y enseñó un camino.
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