OPINION INTERNACIONAL

TRAGEDIA GRIEGA Y EFECTO DOMINO

La deuda pública griega está en el orden de los 290 mil millones de euros, lo que equivale al 125% de su PBI, y con tendencia creciente. (Las hay mayores: la del Japón alcanzará este año alrededor del 200% del PBI, el más elevado entre los países de la OCDE). Las causas inmediatas de la abultada deuda griega son la caída en 2009 del comercio exterior, el elevado desempleo (con un pico en la juventud, que participa en forma destacada en las movilizaciones) y la abrupta reducción de la demanda. El 19 de mayo vence el plazo de un préstamo por 8,5 mil millones de euros, y de no honrarlo el país entraría en quiebra. Los sostenedores de la deuda son los grandes bancos alemanes y franceses, y los fondos especulativos que aprietan las clavijas. El Bank of America­Merrill Lynch, ING, el Alpha Bank, la Société Générale tienen mucho que ver con ese entramado especulativo.

Por provenir del FMI, es fácil imaginar en qué consisten las medidas propuestas, a saber: reducción y congelamiento de salarios, corte de beneficios y derechos consagrados como el aguinaldo (13º y 14º salarios), el aumento de edad de la jubilación de la mujer a 65 años, la flexibilización de la legislación laboral y nada menos que el aumento en dos puntos el IVA, al 23% (que en Uruguay nos proponemos rebajar en la misma proporción), así como la reducción de las inversiones públicas. Éste es el plan que el Parlamento griego aprobó al día siguiente de la huelga general, con la mayoría del gobierno y mediante un procedimiento de urgencia. O sea, la clásica fórmula del FMI que permanece invariable, a pesar de su fracaso estruendoso en la no previsión de la crisis económica que se abatió sobre el mundo el año pasado.

El paro general contó con una adhesión generalizada. El país amaneció sin transportes, las fábricas estuvieron paralizadas, el comercio cerró sus puertas a partir de la hora 12, las escuelas y universidades permanecieron cerradas y los servicios públicos no funcionaron, los navíos quedaron inmovilizados en los muelles y los aviones en los aeropuertos, los hospitales operaron en sistema de emergencia, periodistas, médicos, abogados también resolvieron cruzarse de brazos. Hubo una manifestación de 60 mil personas en Atenas con sus consignas reivindicativas, una gran concentración en la plaza Omonia y enfrentamientos con las fuerzas represivas. Las manifestaciones se reprodujeron en 68 ciudades de Grecia. Al frente de su organización estuvo el Frente Militante de Todos los Trabajadores y Trabajadoras, conocido por su sigla de PAME. En la concentración de la capital el dirigente de dicha organización, G. Perros, dijo que las medidas del gobierno no son para el rescate de la nación sino «un paquete de rescate para los patrones, los banqueros, los armadores, así como para los acreedores extranjeros que junto con los plutócratas griegos durante décadas despojan a nuestro pueblo de las riquezas que produce». Señaló además que las medidas ya estaban diseñadas en el Tratado de Maastricht, se incluyen todas las resoluciones de las cumbres de la Unión Europea, también son impulsadas por la Federación Griega de Empresas y se están aplicando gradualmente, según un plan preconcebido. En las manifestaciones participó, en forma destacada, el Partido Comunista de Grecia (KKE), que en los debates del Parlamento se opuso decididamente a las mismas a través de su secretaria general, la diputada Aleka Papariga. Se dijo que el llamado del primer ministro Papandreu pidiendo un «sacrificio» al pueblo sonó patético en el eco de la huelga general. La Unión Europea acaba de refrendar estas medidas.

Por otro lado, se destacó la particular combatividad de los trabajadores y el pueblo griegos en el marco europeo, como ya se puso de manifiesto en diciembre 2008, en ocasión del asesinato de un joven de 15 años por la Policía, Alexis Grigoropulos.

Lo que está en juego, detrás de estos hechos, es un posible efecto dominó en toda la zona del euro, creada el 1º de enero de 2002 cuando empezó a circular la nueva moneda común. Portugal y España son las próximas fichas que podrían caer. El disparo de partida lo dio el Fondo Monetario, que en su informe del 22 de abril pasado afirmó que la economía portuguesa va de mal en peor.

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