MONDO CANE
La «Señorita Melón». Un ex participante del programa «Big Brother Brasil» y futbolistas como Romario están en la lista de candidatos a ocupar una banca en el Poder Legislativo de Brasil en los comicios del próximo 3 de octubre. Renata Frisson, una carioca de 22 años, fue apodada «Señorita Melón» por la dimensión de su busto, que según sus declaraciones es de 109 centímetros. Ella se postulará a una banca en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro y dijo que tiene fe en lograr su objetivo dado que se ha tornado popular en la ciudad, donde fue nombrada «reina de los taxistas». Uno de los proyectos que defenderá, si conquista un escaño, apunta a que el gobierno estadual realice «mamografías obligatorias». El sistema electoral brasileño permite ser candidato a cualquier ciudadano, siempre que esté afiliado a uno de los 27 partidos registrados, muchos de los cuales son conocidos como «agrupaciones de alquiler» pues suelen vender las candidaturas al mejor postor. Otro aspirante a legislador es Kleber Bambam, en cuyo currículum se destaca el haber sido el primer vencedor del programa «Big Brother Brasil».
Una compañía de ómnibus que circulan en la capital de Dinamarca, Copenhague, decidió reservar dos «asientos del amor» en cada uno de sus vehículos, para que los pasajeros que los ocupen entablen conversación con la esperanza de hallar a sus «almas gemelas». Cada uno de los 103 ómnibus de la compañía tendrá un par de asientos recubiertos de tela rosa con un cartel que dice «Kaerlighedssaede» (asientos del amor), y se espera que sus ocupantes estén más abiertos a charlar con la persona de al lado con fines personales.
En un gimnasio de Nueva York, veinte personas trepadas a sus bicicletas fijas pedalean furiosamente alentadas por el entrenador y generan al mismo tiempo electricidad para el local. «Electrifique su entrenamiento» «Reduzca su cintura y su índice carbono»: en el país del «fitness», que durante mucho tiempo hizo oídos sordos a las preocupaciones ecologistas, hasta los gimnasios ahora quieren ser «verdes». El mecanismo es simple: un sistema colocado en el zócalo de las bicicletas transfiere la corriente continua del dínamo activado por los ciclistas a un transformador que lo convierte en corriente alterna de 110 volts. Gracias a esa astucia, el local que alberga el gimnasio recibe la corriente generada por sus propios socios, consume menos electricidad y ahorra dinero. «Inventé el sistema en 2007, lo probé en 2008 en un gimnasio de Connecticut (noreste) y el lanzamiento comercial fue en el verano pasado en Los Angeles, y a principios de 2010, en Nueva York y Washington», cuenta a la AFP Jay Whelan, presidente de la empresa «Green Revolution» que patentó el sistema. Veinte personas crean cerca de 3 kilowatts en una hora, que es lo que dura una clase de «spin». Con cuatro clases diarias, el gimnasio genera 300 kilowatts por mes, «equivalentes a la energía necesaria para iluminar una casa durante seis meses, asegura Jay Whelan, un ingeniero de 46 años. A ese ritmo, en un año los deportistas logran crear suficiente energía «para alimentar a 72 casas medianas durante un mes», afirma el inventor del sistema. Aunque la sala del New York Sports Club del oeste de Manhattan sea demasiado grande como para autoabastecerse en electricidad gracias al sudor de sus socios, otros gimnasios más chicos podrían alcanzar ese objetivo, asegura. De momento, el equipo sólo existe para bicicletas, pero «Green Revolution», que cuenta con 45 empleados, estudia instalar sistemas similares en otras máquinas aeróbicas. Cada sistema eléctrico cuesta 1.300 dólares. Los deportistas son entusiastas.
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