El problema militar

Lima, ANSA

 

El próximo mandatario peruano –quien surgirá de un balotaje a realizarse aproximadamente dentro de un mes– deberá afrontar la recomposición de los mandos militares, el ajuste del presupuesto castrense y la delimitación de funciones tras la traumática relación entre civiles y fuerzas armadas bajo la conducción del destituido Alberto Fujimori.

La reciente difusión de videos en los que la mayor parte de la alta oficialidad de las fuerzas armadas aparece suscribiendo un acuerdo de sujeción al régimen de Fujimori, puso el «dedo en la llaga» de un problema que no está resuelto en Perú.

Una minicrisis militar se desató de inmediato y obligó al gobierno provisorio del presidente Valentín Paniagua a ratificar a los tres comandantes generales del ejército, la marina y aviación, mientras en los cuarteles anida una creciente incertidumbre sobre el futuro de sus mandos naturales.

Un ex presidente de la república dijo anoche a ANSA que el «problema» de los militares se torna «muy complejo» porque durante casi una década fueron involucrados en actos de corrupción por el ahora prófugo Vladimiro Montesinos, ex asesor de Fujimori y cabecilla de la mayor red de corrupción que recuerde la historia política peruana.

Otros altos oficiales de las fuerzas armadas también se manifestaron «preocupados» por el futuro de las instituciones castrenses, donde al parecer se ha abierto un silencioso «gran debate» entre los oficiales de distinta jerarquía sobre la necesidad de una «limpieza ética y moral» de los mandos.

Varios ex comandantes generales del ejército, la marina y la aviación vinculados estrechamente a Montesinos se encuentran en prisión, otros prófugos y varias decenas podrían aparecer implicados en graves casos de corrupción y violación a los derechos humanos.

Las fuerzas armadas peruanas cuentan con aproximadamente 90 mil efectivos, principalmente del ejército, y su capacidad bélica es considerada la quinta en potencia en América Latina, según algunos reportes.

Una «razzia» en las fuerzas armadas podrían descabezar y quebrar la estructura militar vigente, afectada muy sensiblemente por la corrupción y su alta politización propiciada por Fujimori y Montesinos desde el golpe de Estado del 5 de abril de 1992, alentada por los mandos y avalada por el ahora exiliado presidente. El clima de incertidumbre entre los militares no ha sido apaciguado con algunas mejoras en sus condiciones salariales porque la mayor preocupación radica en los niveles de corrupción y en una eventual reducción del aparato bélico peruano.

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